viernes, 19 de abril de 2019

La típica ida de olla.


¡Hola a todo el mundo!

Pues nada. Que llevo una semana sin poder salir a entrenar por trabajo, el mal tiempo y tal y me ha dado por pensar y contaros cómo me van los temas, ya sabéis.

Si no escribo más en el blog es porque como todos los años que puedo, y este parece que se me va a arreglar para ir, ando preparando Los 10.000 del Soplao, y es que no me puede gustar más esta marcha. Reúne varias condiciones que me gustan, como son los puertos, el entorno, cómo se vuelca toda la comarca con la prueba y tal, pero estoy descubriendo que lo que más me gustan son los 230 kilometrazos con los que cuenta.

Resulta que como tengo que cuadrar las vacaciones, pues he estado a punto de no tener los días del Soplao libres, con lo que me he ido buscando algún otro reto, marcha o carrera, pero ninguna había con doscientos y pico kilómetros que me quedase más o menos cerca. Finalmente, parece que voy a poder ir, así que me tengo que preparar como todos los años o si se puede, mejor.

Y una de las preparaciones que suelo hacer, a parte de cargarme de kilómetros en las piernas, cosa que va por buen camino porque casi todas las semanas suelo hacer un par de días de más de cien, es ir a subir puertos. Así que me veo todas las semanas intentando planear una ruta bien chula, mirar a ver qué día puedo ir a Asturias y cosas así. Y se me ha ocurrido una cosa bien guapa y bien dura.

Se basaría en subir sólo un puerto que, por otro lado, es el que más veces he coronado. Ese puerto es La Cobertoria. Pero lo voy a hacer de una manera especial.

Si no conocéis el coloso asturiano, os comento que, a diferencia de la mayoría de los puertos que tienen dos subidas, La Cobertoria tiene más. Vamos a ver las que tiene:

1) La Cobertoria por Pola de Lena.
2) La Cobertoria por Quirós.
3) La Cobertoria por Lindes.
4) La Cobertoria por Cordal y Cuchu Puercu.

Y para poner una guinda a todas estas ascensiones, está el Gamoniteiro como opción final, que es un repetidor que hay más arriba aún del cartel de fin de puerto. Es una subida absolutamente espectacular y terriblemente dura, con rampas del 20% o algo así.

Bueno, pues mi plan es subir al menos las tres primeras opciones de las que os hablo. Me parece una burrada digna  de ser recordada si es que lo llevo a cabo, porque el plan no puede ser más duro, no me diréis que no. Así que ya os iré contando a ver qué tal se me ha dado. En un par de semanas intentaré ir, ya veréis qué chaqueta.

Por cierto. Si alguien se apunta y quiere ir a subir todo esto, sólo tenéis que poneros en contacto conmigo. ¡Siempre a tope!

martes, 19 de febrero de 2019

Adiós, entrenadora.


¡Hola a todo el mundo!

Hace muchos años que empecé a darle a esto del pedal. Imagino que empecé como mucha gente. En verano y en el pueblo. Se debían de juntar unos cuantos factores fundamentales. El primero, que algún alma caritativa te regalase una bicicleta. En este caso, mi padrino Jaime fue quien me proporcionó el instrumento clave. Una G.A.C. azul que a día de hoy tengo guardada en la tienda de mi madre y me encanta ver de vez en cuando.

Luego alguien te tiene que meter el gusanillo del ciclismo en las venas y el encargado fue mi abuelo Anastasio, con el que veía como un zombi el Tour de Francia y él me contaba historias de los ciclistas de la época heroica, como Bartali, Coppi, Merckx, Ocaña y su favorito. Bahamontes.

Y luego necesitas algo tan importante o más que todo lo anterior. Necesitas un entrenador que esté pendiente de tu alimentación y de plantearte retos. Y de esa misión se encargaba mi abuela Asunción.

Os cuento estas cosas porque mi padrino se murió hace ya varios años. Luego fue mi abuelo el que nos dejó. Y la semana pasada, mi corazón re partió en dos cuando mi abuelita, a la que tanto he querido, quiero y querré toda mi vida, sencillamente se fue de este mundo de la mano de mi madre. ¡Qué pena más grande tenemos todos!

Y es que mi abuela ha sido, es y será de las personas más importantes para mí. Absolutamente fundamental en todos los aspectos de mi vida. Y como no podía ser de otra manera, también me influyó en mi relación con la bici.

“Yo no sé qué haces que te vas a matar”, era algo muy típico que me dijese mi abuelita cuando le contaba que había ido hasta Boñar en bici. Ida y vuelta salen unos 100 kilómetros, pero para ella era una burrada que no entendía por qué hacía. Alguna vez sencillamente lo hacía para recordar los grandes momentos que yo viví en aquel pueblo de la montaña leonesa durante aquellos veranos de la infancia que parecían no tener fin.

Nunca se me olvidará cómo me llamaba para ir a comer desde el balcón de casa. Yo dando vueltas por la plaza con mi flamante G.A.C. azul y mi entrenadora preocupándose por mi alimentación. Unos buenos macarrones, una chuleta, arroz con leche y, para culminar mi felicidad, una etapa del Tour junto a mi abuelo.

También ella me planteaba retos que yo debía superar, pero sin que ella se diese cuenta, porque si se entera de que su prohibición de “no vallas hasta la carretera general en bici” para mí era como si una fuerza invisible e imposible de esquivar me empujase a, precisamente, ir a la carretera lo más rápido posible para que ella no se enterase de que había desobedecido.

E incluso mi primer puerto de montaña lo subí gracias a ella, porque para ir a pasar la tarde con mis tíos Lauren y María Luisa, había que subir a “Valles”. Es donde ellos vivían y había que superar una cuesta que, si bien ahora casi ni la percibes, para un niño pequeño y su bici, era un verdadero Tourmalet, en donde intentaba emular al ciclista favorito de mi abuelo. A Bahamontes. Y la bajada era tan divertida…a no ser que me pillase mi abuela, claro. Demasiado rápido para ella.

Cuánto voy a echar de menos a mi primera entrenadora. Me entrenó para todo. Sobre todo para la vida en general. Cada uno de los días que pasamos juntos, que fueron prácticamente todos los días desde que yo nací, fueron una clase maestra de cómo ser en la vida. Todo en el mundo lo intento ver desde el punto de vista de mi abuela y ahora que no la tengo a mi lado para poder hablar con ella, escucharla, darle besos, recibir los suyos, no sé qué hacer.

Hasta los últimos días que he salido en bici he tirado en dirección a Boñar, sin llegar hasta allí, aunque esta semana sí o sí un día voy a ir al pueblo. Y voy a ir a verla para decirla lo mucho que la quiero y lo mucho que la echaré de menos.

La bici es algo que me calma y estos días me está ayudando un montón. Me reconforta pensar que en algún lugar de este mundo o de otro, el que sea, mi abuela me está viendo dar pedales y le estará diciendo a mi abuelo:

-“Este chico se va a matar de tanto dar pedales. ¡Y encima se está quedando en los huesos! ¡¡Daniel!! ¡¡COME BIEN!!

Qué guerra me daba con esas cosas y cuánto lo voy a echar de menos. Te quiero mucho, abuelita. Nunca te voy a olvidar y siempre te tendré presente.

viernes, 18 de enero de 2019

Paciencia, que esto no ha hecho más que empezar


¡Hola a todo el mundo!

¿Cómo vamos llevando el invierno, compañeros y compañeras? Por aquí, en León, la verdadera fábrica nacional de frío, todo va según lo previsto. Temperaturas heladoras durante todo el día, el sol se ha estropeado y no calienta y, para rematar, ahora entra un frente, con lo que se va a poner a nevar y el año pasado cuando esto pasó, no dejó de nevar hasta abril, con lo que pongámonos cómodos, desempolvemos el rodillo y tengamos paciencia.

Es un poco desesperante este clima nuestro pero ya estamos acostumbrados. Además, a día de hoy, hay un montón de ayuda para llevar mejor las temperaturas de mierda, o como otros lo llaman, bajas temperaturas. Hace poco vi un vídeo de un profesional, Carlos Verona, al cual sigo desde que pasó a la máxima categoría, en el que explicaba lo que llevaba encima durante el invierno. Y nunca me dejarán de sorprender los pros porque si yo vistiese como ellos durante el invierno, me moriría en la primera curva de la carretera, con lo friolero que soy yo.

Ya sé lo que me vais a decir. Ellos van a tope y no pasan frío. Ya, ya. Tienes que ir muy a tope para no pelar un frio del carajo si vas con un maillot de entretiempo y un chaleco, la verdad. Aunque el mejor truco para no pasar frío que utilizan los ciclistas profesionales es ir a entrenar a la Comunidad Valenciana, Cataluña o sitios así. Eso sí que es un plan maestro.

Pero los que nos tenemos que quedar en León hacemos lo que podemos. El culote largo ya no nos lo vamos a quitar hasta abrir. Guantes de invierno, puede que en marzo, a finales, haya algún día en el que nos los podamos cambiar por los de verano. Una buena térmica, yo creo que la llevaré hasta en Los 10.000 del Soplao que este año en el primero de junio. En fin, qué le vas a hacer.

Pero cosas así refuerzan nuestras grupetas o pequeños clubes como es nuestro caso con el gran CLUB CICLISTA ASFALTO LEÓN. Esto se consigue parando a tomar cafés en ruta. Pero cafés de estos largos en los que nos contamos nuestras penas…

-¡Joder, troncos! No siento los dedos…
-Pues yo no noto los pies.
-Pedidme un café con leche caliente como las barandillas del infierno, por favor…

Esto es una excusa ya que cuando el frío afloja, seguimos parando a tomar el refresco, la caña, la sin o lo que toque. Somos unos disfrutones, qué le vas a hacer. Pero sí es verdad que las rutas cambian mucho, porque cambiamos los paisajes planos por los que rodamos ahora, por las montañas, que estos días están intratables, por mucho que hablen los gurús meteorológicos del club que si hay una inversión térmica o no sé qué leches.

Lo dicho. Que ahora empieza la nieve y puede que haya que coger algo más la de monte. Puede que dentro de poco escriba otra vez sobre lo mucho que me gusta la bici de campo (cagao pal prao).