sábado, 19 de diciembre de 2020

2020. Ese año...

 ¡Hola a todo el mundo!


Pues sin comerlo ni beberlo, estamos a punto de terminar un 2020 que sin duda vamos a recordar todos. Vaya que sí. Hemos tenido normalidad, confinamiento, nueva normalidad, nuevos tipos de confinamiento y un largo etcétera de situaciones personales que nunca pensamos nadie que íbamos a poder llegar a vivir.


Hace unos cuántos meses que no escribo aquí. Cuando estábamos encerrados a cal y canto mantuve una buena regularidad de publicación. ¡Joder! Como en los viejos tiempos, maldita sea. Luego es que nos abrieron y yo no he parado de hacer cosas (andar en bici fundamentalmente, qué si no) y también he estado entretenido en el tema este de recuperarme del coronavirus.


En efecto, soy de esa gente que se ha visto afectada por el dichoso virus que nos está dando una paliza a toda la sociedad. La verdad es que en mi caso y en el de mi mujer que también lo pilló, hemos sido muy cuidadosos en cumplir todas las reglas para evitar ser contagiados y contagiar. Reducir contactos a la mínima expresión, distancia social, evitar aglomeraciones...toda la parafernalia. Y aún así, nos hemos infectado. Además de todo, nos atacó bastante fuerte. No hemos sido de los asintomáticos ni mucho menos.


Afortunadamente ya estamos bien y aparentemente sin secuelas más allá de alguna cosa curiosa como que se nos olvidan algunas palabras y yo en concreto tengo la cabeza, como diría mi abuela, un poco volada, pero nada alarmante. Yo siempre he tenido una muy buena pedrada, así que casi no se me nota. Todo bien.


La bici me ha ayudado a comprobar a ver qué tal está la maquinaria por dentro y he vuelto a darle fuerte al pedal y todo OK. Ahora mismo el mayor problema son los dos o tres kilillos que he ganado y la proximidad del turrón y el roscón de Reyes.


No sé qué tal os ha ido vuestro año ciclista pero del mío no me puedo quejar. He hecho rutas muy guapas y salvo los momentos en los que no se podía salir y en los que yo tuve que estar aislado por el tema de la enfermedad, no me puedo quejar. La pega es la cancelación de las marchas a las que tenía pensado ir. El Soplao y la TransBizkaia, que eran en días consecutivos. Ese reto me motivaba un montón y no pudo ser.


Pero como hay que mirar para adelante, lo bueno es que estas marchas en el 2021 también son en días consecutivos, así que el reto vuelve a estar ahí, con lo que la motivación la tengo por las nubes. Ahora sólo se tienen que disputar y poder gozar de Urkiola, Piedrasluengas y todas las demás subidas y kilómetros.


Por otro lado, como novedad del 2020, en el tiempo en el que no he publicado por aquí, vendí la bici de monte (espero que estén disfrutando de ella más que yo) y me compré una flamante bici nueva de carretera. Una Nueva Americana a la que llamo “California”. Aún está buscando su propia personalidad la nueva máquina, pero de momento nos estamos haciendo buenos amigos.


Por lo demás, gozando del ciclismo de competición. Viendo carreras en épocas del año poco comunes. A mí La Vuelta en otoño me ha parecido genial. Puede que llevarla a lo más profundo de noviembre no sea lo mejor, porque el frío que han tragado los ciclistas en alguna etapa no fue normal, pero si se celebrase entre septiembre y octubre a mí no me disgustaría. En cuanto a otras carreras, la mayor pena que me queda en el corazón es no haber visto la París-Roubaix con lluvia, barro y frío. Hubiese vuelto a ser el verdadero “Infierno del Norte” y mi apuesta clara era Mathieu van der Poel. ¡Cómo me gusta este ciclista y qué alegría me dio verle ganar el sprint de Flandes!


Lo cierto es que este año he visto muchísimas carreras y gracias a RTVE he revivido carreras de la década de los '80 y '90 que yo ya viví en su día y que me han hecho vibrar igual o más que en directo. ¡Cómo ha cambiado todo el mundo del ciclismo! Y como apunte personal después de ver las carreras con solera y comparándolas con las de este año, ¿no os parecen almas gemelas tanto Rominger como Roglic?


En fin. En lo que estaremos todos de acuerdo es que 2020 ha sido un año muy particular, aunque yo no diría que sea para olvidar. De hecho, deberíamos de sacar muchas cosas en claro como sociedad. En mi opinión, el virus ha dejado al aire muchas costuras deshilachadas que tenemos tanto en lo personal, como en lo colectivo, en lo económico, como en los servicios públicos que creíamos a prueba de bombas. Si nos olvidamos de lo sucedido puede que no solucionemos los problemas.


Por lo demás, aprovecho para desearos a todos los que leáis esto unas felices y comedidas navidades por este año, por favor, y que lo paséis lo mejor posible. Ya sabéis, compañeros y compañeras ciclistas. Os deseo salud, kilómetros y metros de desnivel para el nuevo año que, a nada...A NADA...seguro que es mejor que el 2020.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Etapa por la montaña centro-oriental leonesa.


¡Hola a todo el mundo!

Ayer, la UCI publicó un calendario de competición que, al menos a mí, me ha hecho ilusión, no porque crea que se va a poder llevar a cabo, la verdad, si no porque parece que se ve algo de luz al final del túnel. Entre eso y que ya he salido a rodar un par de días dentro de la franja horaria y dentro del término municipal (el de la ciudad de León es enano, por cierto) parece que el ánimo ciclista general está subiendo un poco.

Mi ánimo nunca ha estado especialmente bajo, la verdad. Esto del confinamiento lo he ido llevando bien salvo por el hecho de no poder sacar la bici y demás pero lo entiendo como algo necesario. No obstante, ¿quién me quita de hacer planes de cara a un posible verano en el que podamos salir con cierta normalidad?

Y a eso me dediqué, entre otras cosas, ayer por la tarde. A pensar en una ruta que me motivase y que, a poder ser, no saliese de la provincia de León no vaya a ser que no nos dejen hacerlo. Puede parecer que los ciclistas leoneses, si no nos vamos a la vecina Asturias no tenemos puertos, pero sólo lo parece porque sólo hay que buscar un poco. ¡Y qué puertos tenemos!

Para que a mí una ruta me llame la atención tiene que tener dos cosas. Kilómetros y varios puertos. En resumidas cuentas, lo que viene a ser la típica etapa de montaña de cualquier gran vuelta. Exigente y larga.

Y después de pensar un poco y sabiendo lo mucho que me tira a mí esa zona (mi familia procede de esas zonas) la decisión de por dónde discurriría la etapa parecía clara. Montaña centro-oriental leonesa. El punto de partida también lo tenía claro. Boñar, además de mi pueblo, es lo que más cerca queda de León teniendo en cuenta la ruta que he ideado.

Mientras iba dibujando el trazado, situando algún punto intermedio para que el perfil quedase bonito, buscando los puntos kilométricos de inicio y final de puerto, me estaban entrando unas ganas enormes de sufrir y disfrutar, todo a la vez, a lo largo de los exigentes kilómetros de esta ruta que no tendría nada que envidiar a cualquier etapa reina de Tour, Giro o Vuelta. Podría decirse que ya tengo reto para este extraño año ciclista y es este.


¿Qué os parece? Menudas cosas más bonitas que se pueden hacer por León, ¿eh? 193 kilómetros y 3625 metros de desnivel positivo son datos que no están nada mal, pero es que además la ruta discurre por alguno de los parajes más impresionantes que hay en toda la Cordillera Cantábrica. La pena es que no vaya a leer esto Javier Guillén, director de La Vuelta a España, aunque lo voy a intentar.

miércoles, 29 de abril de 2020

Locuras ciclistas.


¡Hola a todo el mundo!

Mientras hago rodillo, probablemente ya os lo habré contado algún día, suelo escuchar la radio o algún podcast. Me gusta tener la mente pendiente de otras cosas que no sean dar pedales sobre el potro de tortura. A mí me funciona bastante bien. No obstante, a veces la cabeza no se me queda quieta en el tema que se esté tratando en el programa de turno y viaja a otro tiempo u otro lugar, cosa que me ocurrió ayer sin ir más lejos.

Estaba escuchando un programa de NBA en el que tocaban temas muy interesantes relacionados con la música y jugadores de hace años y mientras tanto yo me sorprendí pedaleando por el Concejo de Ponga, en Asturias. No me he saltado el confinamiento, tranquilos. Sólo ocurrió que me puse a rememorar una ruta tremenda en todos los sentidos que hice hace ya tres o cuatro años.

Me pasa en muchas ocasiones que rememoro rutas que he hecho. A veces lo hago sin darme cuenta y otras lo fuerzo para relajarme en según qué circunstancia. Normalmente suelo recordar las rutas más especiales las cuales habitúan a ser las más duras que he tenido la suerte de “disfrutar”. A la hora de diseñar etapas en plan “día especial” tiendo a crear verdaderas idas de olla que sobre el papel parecen una idea fantástica pero, claro está, luego hay que llevar todo ello a la práctica y a veces cuesta.

Se me vienen a la cabeza muchas y voy a empezar por, precisamente, la que se me instaló ayer en la cabeza mientras hacía rodillo. Dejé el coche en Cangas de Onís (este pueblo asturiano, al menos en mi caso, suele estar muy relacionado con idas de olla ciclistas) y mi plan inicial, el cual llevé a buen puerto y de ahí lo duro que fue ese día, era ir a visitar Casielles pero, por qué hacer sólo eso, ¿verdad? Una vez logrado el primer objetivo, subí el Collado Llómena, puerta de acceso a Jurasic Park, o como lo llaman por allí, Concejo de Ponga. Me metí en una guerra que estaba perdida de antemano, como fue subir a Taranes, pero no al pueblo, si no hasta más arriba. ¿Terminó aquí mi aventura? Claro que no, amigas y amigos. La guinda del pastes fue ir hasta el mirador de Amieva con un kilómetro final para quitarse el sombrero. Ese día ha sido uno de los que recuerdo con más dureza de toda mi vida ciclista. Creo que fueron 80 kilómetros y como 3500 metros de desnivel o algo así porque estoy hablando de memoria.

Otra locura muy habitual en mí es obcecarme en continuar una ruta cuando todo indica que has de parar. Esto es algo muy recurrente en todos los aspectos de mi vida porque tiendo a ser un poco cabezón. A veces te sale bien y otras veces te sale mal, muy mal o terriblemente mal. La ruta que reúne todo esto fue una en la que salía desde Cain, en el corazón de los Picos de Europa leoneses (el sitio de mi recreo). Ya comencé la jornada a pie cambiado porque lo más lógico si vives en León, como es el caso del menda, sería dejar el coche en Riaño y, a partir de ahí, hacer la ruta circular en uno o en otro sentido. Esta ruta es subir Panderrueda, Pandetrave, bajar a Cain (muy bonito) y subir de Cain (esto sí que es bonito-20%-) Salen como 90 kilómetros con cierta dureza pero sin ser una locura total. Como decía, esa etapa la comencé a pie cambiado porque aparqué el coche en Cain directamente, que es el punto más alejado de León capital en lugar de dejarlo el Riaño, bastante más cerca. El otro problema fue cuando desde el minuto uno de la ruta escuché truenos y vi nubes negras como la misma noche. Si a pesar de esto continuas con una ruta, es cuando pasa a ser una ida de olla porque, en efecto, ese día me cayó encima una tormenta de las de rayos, truenos Dolby Surround, agua a tope y un largo etcétera de extras que hicieron de aquella jornada un día inolvidable.

Otro día que tampoco se me olvidará en tiempo ocurrió hace dos años, una buena mañana saliendo de Cangas de Onís (sí, otra vez) en dirección a Casielles (en efecto, también otra vez) pero en esta ocasión, tras subir hasta el pueblo de las mil y una de curvas de herradura, opté por no ir hasta Jurasic Park para decantarme por Coronar el puerto del Pontón, bajarlo y rematar el día en Lagos de Covadonga. Así sobre el papel, que como suele decirse, el papel lo aguanta todo, me parecía una etapita de tres puertecitos muy accesible pero según veía aumentar el número de kilómetros en el cuenta (por mucho que sea GPS para mí siempre será el cuenta) empecé a alarmarme ya que terminó siendo un etapón de 140 km con dos puertos de categoría especial y uno de primera. Además de todo, había dicho en casa que volvería sobre las 6 de la tarde. Creo que aparecí como a las 10 o más, no recuerdo ya, aún trato de olvidar. Son cosas que pasan.

Otra heroica que se me viene a la cabeza es medio reciente. Ocurrió el año pasado cuando quince días o así antes de ir a los 10.000 del Soplao fui a subir Pajares y La Cubilla. Ambos colosos asturianos me quedan cerca de casa y suelo visitarlos a menudo y más si tengo cerca algún reto concreto porque me sirven a modo de entrenamiento. Dejé el coche, que se llama Klaus por si no os lo había dicho hasta ahora, en Campomanes, otro pueblo asturiano recurrente en numerosas idas de olla. En esta ocasión, desde la base de Pajares y a pesar de estar en mayo, se intuían niebla, frío y casi seguro nieve, como así confirmé a falta de 5 kilómetros para coronar el puerto pero una vez más, mi cabezonería hizo que no me detuviese cuando el sentido común decía todo lo contrario, con lo que finalmente coroné Pajares como un muñeco de nieve, congelado y con pocas ganas de bajar el puerto pero como todo lo que sube ha de bajar, allá me lancé con la movilidad de las manos como las un Playmobil. Un desastre. Lo que viene siendo un día de diez.

Son muchas las jornadas “históricas” que se me pasan por la cabeza pero más son las ganas de seguir escribiendo mi historia particular. La duda que me surge es cuándo, aunque tengo que admitir que pocas cosas van a ser más históricas que todo este periodo de confinamiento, con días y días haciendo rodillo y días y días encerrados en casa. Cuando lo miremos con perspectiva y no con asco vamos a alucinar con lo que hemos conseguido.