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miércoles, 29 de abril de 2020

Locuras ciclistas.


¡Hola a todo el mundo!

Mientras hago rodillo, probablemente ya os lo habré contado algún día, suelo escuchar la radio o algún podcast. Me gusta tener la mente pendiente de otras cosas que no sean dar pedales sobre el potro de tortura. A mí me funciona bastante bien. No obstante, a veces la cabeza no se me queda quieta en el tema que se esté tratando en el programa de turno y viaja a otro tiempo u otro lugar, cosa que me ocurrió ayer sin ir más lejos.

Estaba escuchando un programa de NBA en el que tocaban temas muy interesantes relacionados con la música y jugadores de hace años y mientras tanto yo me sorprendí pedaleando por el Concejo de Ponga, en Asturias. No me he saltado el confinamiento, tranquilos. Sólo ocurrió que me puse a rememorar una ruta tremenda en todos los sentidos que hice hace ya tres o cuatro años.

Me pasa en muchas ocasiones que rememoro rutas que he hecho. A veces lo hago sin darme cuenta y otras lo fuerzo para relajarme en según qué circunstancia. Normalmente suelo recordar las rutas más especiales las cuales habitúan a ser las más duras que he tenido la suerte de “disfrutar”. A la hora de diseñar etapas en plan “día especial” tiendo a crear verdaderas idas de olla que sobre el papel parecen una idea fantástica pero, claro está, luego hay que llevar todo ello a la práctica y a veces cuesta.

Se me vienen a la cabeza muchas y voy a empezar por, precisamente, la que se me instaló ayer en la cabeza mientras hacía rodillo. Dejé el coche en Cangas de Onís (este pueblo asturiano, al menos en mi caso, suele estar muy relacionado con idas de olla ciclistas) y mi plan inicial, el cual llevé a buen puerto y de ahí lo duro que fue ese día, era ir a visitar Casielles pero, por qué hacer sólo eso, ¿verdad? Una vez logrado el primer objetivo, subí el Collado Llómena, puerta de acceso a Jurasic Park, o como lo llaman por allí, Concejo de Ponga. Me metí en una guerra que estaba perdida de antemano, como fue subir a Taranes, pero no al pueblo, si no hasta más arriba. ¿Terminó aquí mi aventura? Claro que no, amigas y amigos. La guinda del pastes fue ir hasta el mirador de Amieva con un kilómetro final para quitarse el sombrero. Ese día ha sido uno de los que recuerdo con más dureza de toda mi vida ciclista. Creo que fueron 80 kilómetros y como 3500 metros de desnivel o algo así porque estoy hablando de memoria.

Otra locura muy habitual en mí es obcecarme en continuar una ruta cuando todo indica que has de parar. Esto es algo muy recurrente en todos los aspectos de mi vida porque tiendo a ser un poco cabezón. A veces te sale bien y otras veces te sale mal, muy mal o terriblemente mal. La ruta que reúne todo esto fue una en la que salía desde Cain, en el corazón de los Picos de Europa leoneses (el sitio de mi recreo). Ya comencé la jornada a pie cambiado porque lo más lógico si vives en León, como es el caso del menda, sería dejar el coche en Riaño y, a partir de ahí, hacer la ruta circular en uno o en otro sentido. Esta ruta es subir Panderrueda, Pandetrave, bajar a Cain (muy bonito) y subir de Cain (esto sí que es bonito-20%-) Salen como 90 kilómetros con cierta dureza pero sin ser una locura total. Como decía, esa etapa la comencé a pie cambiado porque aparqué el coche en Cain directamente, que es el punto más alejado de León capital en lugar de dejarlo el Riaño, bastante más cerca. El otro problema fue cuando desde el minuto uno de la ruta escuché truenos y vi nubes negras como la misma noche. Si a pesar de esto continuas con una ruta, es cuando pasa a ser una ida de olla porque, en efecto, ese día me cayó encima una tormenta de las de rayos, truenos Dolby Surround, agua a tope y un largo etcétera de extras que hicieron de aquella jornada un día inolvidable.

Otro día que tampoco se me olvidará en tiempo ocurrió hace dos años, una buena mañana saliendo de Cangas de Onís (sí, otra vez) en dirección a Casielles (en efecto, también otra vez) pero en esta ocasión, tras subir hasta el pueblo de las mil y una de curvas de herradura, opté por no ir hasta Jurasic Park para decantarme por Coronar el puerto del Pontón, bajarlo y rematar el día en Lagos de Covadonga. Así sobre el papel, que como suele decirse, el papel lo aguanta todo, me parecía una etapita de tres puertecitos muy accesible pero según veía aumentar el número de kilómetros en el cuenta (por mucho que sea GPS para mí siempre será el cuenta) empecé a alarmarme ya que terminó siendo un etapón de 140 km con dos puertos de categoría especial y uno de primera. Además de todo, había dicho en casa que volvería sobre las 6 de la tarde. Creo que aparecí como a las 10 o más, no recuerdo ya, aún trato de olvidar. Son cosas que pasan.

Otra heroica que se me viene a la cabeza es medio reciente. Ocurrió el año pasado cuando quince días o así antes de ir a los 10.000 del Soplao fui a subir Pajares y La Cubilla. Ambos colosos asturianos me quedan cerca de casa y suelo visitarlos a menudo y más si tengo cerca algún reto concreto porque me sirven a modo de entrenamiento. Dejé el coche, que se llama Klaus por si no os lo había dicho hasta ahora, en Campomanes, otro pueblo asturiano recurrente en numerosas idas de olla. En esta ocasión, desde la base de Pajares y a pesar de estar en mayo, se intuían niebla, frío y casi seguro nieve, como así confirmé a falta de 5 kilómetros para coronar el puerto pero una vez más, mi cabezonería hizo que no me detuviese cuando el sentido común decía todo lo contrario, con lo que finalmente coroné Pajares como un muñeco de nieve, congelado y con pocas ganas de bajar el puerto pero como todo lo que sube ha de bajar, allá me lancé con la movilidad de las manos como las un Playmobil. Un desastre. Lo que viene siendo un día de diez.

Son muchas las jornadas “históricas” que se me pasan por la cabeza pero más son las ganas de seguir escribiendo mi historia particular. La duda que me surge es cuándo, aunque tengo que admitir que pocas cosas van a ser más históricas que todo este periodo de confinamiento, con días y días haciendo rodillo y días y días encerrados en casa. Cuando lo miremos con perspectiva y no con asco vamos a alucinar con lo que hemos conseguido.

lunes, 13 de abril de 2020

Saborear como nunca antes lo hicimos.


¡Hola a todo el mundo!

“Hay muchos kilómetros de carretera esperándonos. Me parece que cuando podamos salir los vamos a saborear como nunca lo hicimos antes”.

Estoy seguro de que a mi buen amigo Jon no le parecerá mal que cite textualmente una frase suya. Fue parte de una conversación vía mensajes de móvil, como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta el confinamiento en el que vivimos y teniendo en cuenta también que nos separan unos 500 kms o algo así de nuestras respectivas casas.

El haber conocido a Jon es una de las cosas más positivas que me ha regalado este blog porque nos conocimos hace ya unos añitos gracias a que él leía y lee las cosas que yo escribía y escribo y él visitaba y visita León de vez en cuando, así que cada cierto tiempo tengo la grandísima suerte de compartir kilómetros y charlas con él.

La cosa es que en cuanto leí la frase que prácticamente encabeza esta entrada pensé que daba para escribir acerca del tema porque es algo que yo no dejo de pensar desde hace ya un par de semanas.

El cambio de hora y la entrada de la primavera, con la gran cantidad de olores que se pueden percibir en esta época del año, me están ayudando mucho a que mi cabeza, cada dos por tres, vuele libre por un mundo imaginario a día de hoy. Un mundo en el que yo monto en bicicleta por lugares que ahora mismo sólo pueden estar en mi recuerdo y donde yo he sido feliz.

Una carretera cubierta de una tremenda vegetación que permite pasar parte del radiante sol que, kilómetros después, va a broncear mi piel en los kilómetros finales de un precioso puerto de montaña en donde yo soy absolutamente feliz. No hago más que pensar en esto. Me ocurre muchísimas veces a lo largo del día y en algún momento de debilidad se me ocurre cuestionarme en lo más profundo de mi mente si alguna vez volveré a sentir esas cosas.


Como digo, sólo es un momento de debilidad porque como bien me dijo Jon, vamos a saborearlo como nunca antes lo habíamos hecho.

El mundo que nos vamos a encontrar en cuanto se abran las puertas no me cabe la menor duda de que será un lugar diferente pero no por lo que físicamente hallemos ahí fuera, si no más bien por lo que queramos encontrar dentro de cada uno de nosotros mismos. Sinceramente espero que saquemos un montón de conclusiones positivas de todo esto porque, como dije hace poco, éramos ricos y no nos dábamos cuenta.

Y éramos ricos, sí, pero después de todo, cuando las aguas vuelvan a su cauce, si sabemos hacer un balance interno y nos detenemos un poco a pensar, nos daremos cuenta de que saldremos al nuevo mundo con la convicción de que no es que éramos ricos, si no que lo seremos muchísimo más.

Un paseo será un privilegio, quedar con los amigos a tomar un café será un tesoro, poder ir a visitar a nuestras familias será todo un acontecimiento, poder dar una vuelta en bicicleta será ganar el campeonato del mundo.

Por eso, cuando volvamos a nuestras vidas rutinarias, espero que lo que también cambie, además del mundo en el que nos va a tocar vivir, sea nuestra manera de percibir todo eso que antes considerábamos rutinario y en muchas ocasiones sin valor porque ahí es donde va a residir la fuerza con la que nos levantemos después de todo esto. En saborear las cosas como nunca antes lo hicimos.

miércoles, 8 de abril de 2020

Aquellos maravillosos descerebrados y hombres de fe.


¡Hola a todo el mundo!

La verdad es que no es por ser pesado con estos temas del pasado, pero entre que en la tele no hacen más que reponer este ciclismo de los '80 y '90, que no tengo anécdotas de mis salidas en bicicleta por motivos obvios y que, además, aquella época me evoca recuerdos maravillosos, pues es que se me van los dedos solos a escribir acerca de esas cosillas.

Para reafirmarme en esta temática es que resulta que hoy he escuchado una entrevista que le han hecho los chicos de A La Cola Del Pelotón al enorme, mítico e irrepetible Claudio Chiapucci. La entrevista estuvo muy bien, en donde se habló de la época del Diablo, repasando alguna mítica etapa en la que participó, haciendo hincapié en la que se coronó en Sestriere en el Tour del '92, donde atacó a falta de más de 200 kms a meta. También comentaba la imposibilidad de que ese tipo de cosas sucedieran a día de hoy, pero fundamentalmente porque nadie lo intenta, no porque no sea posible.

Chiapucci e Induráin. Fotografía del Diario Marca.

Y aquí viene la intrahistoria de cómo pensé en escribir esta entrada, para que veáis un poco mi manera de trabajar estos temas, que sólo puede definirse de caótica. Resulta que la entrevista la escuché mientras hacía rodillo. Entre el esfuerzo, los litros de sudor que genero mientras lo hago y el movimiento del pedaleo en sí, Chiapucci comentó algo que me dio la idea para la entrada. Y como tengo la cabeza a pájaros y, además, desde ese momento hasta que me pusiese a escribir pasaría un tiempo, me vi obligado a anotar el pensamiento pero no quería bajarme del rodillo. Vi un post-it a lo que yo consideraba una distancia alcanzable sin bajarme del potro de tortura y junto a ello un lapicero, así que imaginaos el circo hasta que alcancé el papelito porque la distancia no era ni fácil, ni tan próxima como yo pensaba en un principio. En fin. Un desastre, pero logré hacer la anotación.

Retomando el pulso de la entrada, lo que dijo Chiapucci en varias ocasiones fue que en según qué etapas o carreras, etc, señalaba que...”yo me encontraba bien”. Y esta expresión también se le puede escuchar a Perico y podríamos decir que a todos los ciclistas de toda época, y ahí es donde me surgió el tema porque cuán diferente significado tiene habérselo escuchado a Chiapucci y a Delgado con respecto a, por ejemplo, Contador se me viene a la cabeza.

Y se me viene a la cabeza el campeón de Pinto porque en sus últimos años de competición, más destinados a dejar un legado que a ganar generales (esta es mi opinión y que, por cierto, me parece una gran decisión) en pretemporada y siempre que podía, insistía en decir ese...”yo me encuentro bien”. Pero el tema es que esa frase que sintácticamente es igual a la que comentaba Chiapucci con su sujeto, verbo y predicado, no obstante tiene significados y, podríamos decir que un espíritu absolutamente diferentes.

Cuando Alberto Contador hablaba de encontrarse bien lo decía en base a que si vatios/kilo, pulsaciones, que si mediciones de lactato y toda una serie de datos que le hacían afirmar categóricamente que, en efecto, se encontraba bien.

No obstante, los ciclistas más pretéritos, cuando afirmaban encontrarse bien lo decían más a ciegas. Era todo un acto de fe. Es evidente que si te encuentras fatal, a no ser que quieras tirarte un farol, no vas a decir que te encuentras bien, pero todo era en base a sensaciones. A veces pasaba lo que pasaba al día siguiente, claro. Esas pájaras de perder media hora ya casi no se ven.

Estos últimos días por aquí se ha hablado de las diferencias que existen en el ciclismo actual con respecto al del pasado pero refiriéndome a la tecnología, desarrollos, pinganillo y todo eso, pero es interesante también analizar el asunto mirando a los ciclistas en sí, a ese carácter indómito que tenían, esa actitud kamikaze, ese saber leer las carreras, los momentos y a sus propios rivales. Desde luego todas estas cosas no te las dan ni los potenciómetros, ni los pinganillos. Ojalá alguna vez los ciclistas actuales nos puedan demostrar si son igual de atrevidos, valientes, combativos y, por qué no decirlo, maravillosamente descerebrados como sus antecesores.

martes, 7 de abril de 2020

Estrellas enormes...y efímeras.


¡Hola a todo el mundo!

No me cansaré de agradecerle a la tele pública el hecho de que esté reponiendo tantas y tantas etapas míticas del pasado ciclista. No en vano, la videoteca de RTVE seguramente sea de las más espectaculares del mundo, no me cabe la menor duda de ello. Seguramente le esté dando buen rendimiento en cuanto a televidentes porque día tras día insisten en ello y en las redes lo anuncian a bombo y platillo.

Ayer, mientras comentaba con un amigo la subida de Lagos de Covadonga de La Vuelta a España del '92, etapa que ganó Perico Delgado, hablábamos de que precisamente el campeón segoviano fue de los últimos de su generación en mantenerse en la cresta de la ola, ya que incluso llegó a hacer podio en La Vuelta del '94, año en el que acabó por retirarse de la competición.

Hoy están emitiendo una etapa del Tour del año '93 y pensando en eso de ciclistas de determinadas generaciones, esos primeros años '90 la verdad es que vieron nacer y morir a unos cuanto ciclistas de manera muy rápida.

Por ejemplo, pienso en nombres como Chiapucci que si bien dio guerra desde el año 1990, a partir del año '94, nunca más hizo algo reseñable, salvo un 5º puesto en el Giro. Podríamos decir que 5 años de brillo intenso para esta estrella.

Otro nombre importante de la época fue Gianni Bugno, al que podríamos llamar la eterna alternativa que nunca llegó a ser, porque, en efecto, ganó un Giro, el del '90, y un par de mundiales, '91 y '92, pero viendo los fríos resultados, yo le daría 3 años de brillo intenso en el ciclismo. Años 1990, '91 y '92. Después de eso prácticamente desapareció.

De izq. a dcha., Bugno, Induráin, Chiapucci en el Tour '91.
Fotografía del Diario As.

El ciclista que siempre me llamó la atención por muchas cosas como su mala uva, su estilo inconfundible, además de sus gafas de gentleman fue Fignon. Y es que circunscribiéndome al tema sobre el que estoy escribiendo, creo que fue el ciclista de aquella época que más prolongó su brillo. Sería de una generación anterior a los ciclistas antes citados, probablemente sería más de la época de P. Delgado y toda esa gente, pero sí que se podría definir al bravo corredor francés como una estrella de largo recorrido porque desde que ganó su primer Tour en el '83, hasta el año de su retirada en el '93, más o menos siempre se dejó ver. Yo le doy de brillo diez años, más o menos. Además tuvo que convivir con Hinault, lo cual es de todo menos fácil.

Probablemente el mayor agujero negro que acabó con las carreras de todas esas estrellas efímeras tiene nombre y apellidos, porque de no ser por el ENORME Miguel Induráin, ¿cuántas grandes vueltas se hubiesen repartido Bugno y Chiapucci? Incluso Rominger, que fue más astuto y se cubrió de laureles en La Vuelta, yo creo que hubiera ganado algún Tour. Además siempre me cayó muy bien este Suizo de Candás, Principado de Asturias.

Aquellos maravillosos años '80 y '90 nos dieron estrellas tan enormes y mediáticas como efímeras pero sin ellos los campeones que surgieron no hubiesen sido igual de enormes. Para esas figuras, el pelotón era lo mismo que una jungla llena de peligros. Los mayores beneficiados, sin duda, los aficionados. ¡Ah! Y los archivos de RTVE para reprogramar durante el confinamiento.

lunes, 29 de octubre de 2018

La solución es más fácil y está inventada.


¡Hola a todo el mundo!

Pues en estos días en los que el frío ha entrado con toda su crudeza en León, tengo un poco apalancada la bici. Además del frío, me gusta por estas fechas “desentrenar” un poco para poder cogerlo con ganas  dentro de unos días.

Es en estas fechas cuando me da por pensar en otros asuntos del mundo de la bicicleta y en las últimas semanas, como podéis haber comprobado en las últimas entradas, me preocupa y bastante, el rumbo que están tomando ciertos aspectos de la movilidad urbana con respecto a la bicicleta.

Aparte de lo que he dicho acerca de la Ordenanza Municipal del Ayuntamiento de León, que restringe el uso de la bicicleta por ciertos lugares, ahora leo que existe una propuesta, por parte del Ministerio del Interior, de establecer como obligatorio un seguro para el uso de la bicicleta.

Me parece una medida más que se toma sin tener ni idea de lo que se está haciendo. ¿Yo, que estoy federado, también tendría que sacar un seguro? ¿A la gente que dentro del seguro del hogar o del automóvil, que les cubre ciertos aspectos cuando circulan con su bici (echad un ojo a vuestras pólizas que os vais a sorprender), también les afectaría esto del seguro obligatorio para los ciclistas? ¿Los que tenemos las tres opciones anteriores (licencia federativa, seguro del hogar y seguro del automóvil) nos da un premio el Ministerio del Interior?

En fin. No quisiera ponerme excesivamente sarcástico, de verdad, porque ya se me están empezando a ocurrir varias cosas, sobre todo cuando pienso en esa chorrada que nos suelen decir a los ciclistas de que no pagamos impuestos ni nada, porque resulta que, en muchas ocasiones pagamos más que algún que otro iluminado, pero creo que es todo mucho más sencillo que legislar a golpe de Real Decreto.

¿Por qué no se emprende una campaña en las escuelas de buenas prácticas con respecto al uso de la bicicleta y de otros medios de transporte, limpios y eficientes? ¿Por qué no se comienza a informar a todos los conductores de vehículos a motor, de las cosas que pueden y no pueden hacer tanto ellos como los ciclistas? Porque aún mucha gente no sabe que para adelantarnos de manera más segura, pueden pisar una línea continua, o tampoco conocen muchas personas, que podemos circular en paralelo si las condiciones así lo permiten o que no estamos obligados a circular por los carriles bici. Son sólo algunos ejemplo, así, vuelapluma…

Pero tampoco penséis que yo soy un radical de la bicicleta y que sólo veo los errores ajenos. Ni mucho menos soy así.

Si hay una cosa que no puedo soportar es ver a una persona en bicicleta, saltándose un semáforo. No puedo con eso, de verdad. ¿Acaso seguimos sin comprender que, para pedir respeto, debemos de respetar?

Soy de esa gente que llama la atención a otras personas por la calle. En serio. Si veo a alguien, y más si es un chaval, saltarse un semáforo, le suelo reprender. Será porque me estoy haciendo mayor, creo que tengo alguna cana y los “teenagers” me tratan de usted, yo qué sé.

Sinceramente creo que todo es mucho más fácil, aunque también me da la sensación de que es algo bastante enraizado en nuestra forma de vida actual. Todo se debe a un problema de empatía, de no respetar a los demás. Ya sabéis. Cosas de esas que no están de moda y no son de modernos. Dejar salir antes de entrar, dejar pasar a las señoras (y aquí alguien me va a buscar problemas de machismo vs feminismo, pero me trae sin cuidado), el ya en desuso “por favor”, el mítico “gracias”, el denostado “buenos días, qué desea”…ya sabéis. Todas esas chorradas que hacíamos antes. Cosas que nos inculcaron personas que no sabían nada de redes sociales ni nada de eso.

Por cierto, que esas personas del pasado, andaban antes que nosotros en bicicleta porque, igual pensáis algunos que por hacer algo así, estáis descubriendo la pólvora. Pues resulta, que antes no era tan fácil comprar un coche y las personas se movías, OH, SORPRESA, en bicicleta.

Aún recuerdo a mi tío Goyo, hermano de mi abuela, ir a trabajar a la gasolinera de Boñar, en su bicicleta de varillas, y no se daba un pijo de importancia. Es más. Imaginad que hubo un tiempo en el que la gente se dejaba barba y nadie les etiquetó de Hipsters. Yo qué sé. Otros tiempos.

Puede que mejor que buscar soluciones innovadoras y “futuristas” a la convivencia de las bicicletas y los demás vehículos, además, por supuesto, de los peatones, quizás la solución ya esté inventada y sólo debemos de mirar atrás.  Pero son cosas mías, que me estaré haciendo mayor….

Muchas gracias y buenos días.

sábado, 6 de octubre de 2018

Partir de cero.


¡Hola a todo el mundo!

Partir de cero. Una frase muy temida por parte de los ciclistas de cualquier nivel. Desde profesionales hasta tuercebotas como yo.

Hoy, que he vuelto a poder salir a rodar con Buka, un clásico de este blog, me decía que en el último año ha partido de cero unas cuarenta veces. Ya os podéis imaginar. Una temporada con no mucho tiempo y que sales un día y estás sin poder rodar quince días y luego volver a empezar. Un asco, la verdad.

Aunque yo, que soy de sacar lo positivo a todo, pienso que partir de cero a veces te ofrece un punto de vista distinto de las cosas. Os voy a poner algún ejemplo para que veáis que no me falta razón.

En el caso de hoy con Buka, lo de partir de cero a causa de la falta de tiempo y de más, resulta que a mí me ha pasado en alguna que otra ocasión. En sí, esas situaciones para personas que amamos la bici son, así para resumiros, una maldita mierda. Sin ir más lejos, el año pasado yo sólo podía salir los fines de semana y, más en concreto, los domingos. Imaginad qué ocurría si por lo que fuese no se me arreglaba hacer una ruta el domingo. Dos semanas sin poder salir.

Pero así como recuerdo a la perfección ese año malo, pero que muy malo para disfrutar de mi pasión, también recuerdo perfectamente el primer día que pude volver a salir entre semana de manera habitual. Y también puedo recordar perfectamente lo bien que sienta ver que vas mejorando cada día. Y a día de hoy valoro muchísimo el disponer de tiempo suficiente para poder rodar por ahí con la bici. Los periodos malos hacen que valores muchísimo más los buenos.

Y otra situación de partir de cero es cuando partes de cero, pero de cero absoluto, porque nunca has cogido una bici de carreras para salir a gozar. Eso le está pasando a mi señora que parte de cero y yo le acompaño cada uno de sus primeros kilómetros. La verdad es que es genial ver cómo alguien está teniendo unas sensaciones que yo casi ya había olvidado. Ver cómo alguien descubre cosas que para mí son cotidianas y las podemos poner en común.

Partir de cero, como veis, no siempre en una maldita basura. Se le puede sacar el juguillo. Pero hay algo que no podemos dejar de hacer. Siempre hay que valorar cuando las cosas nos van bien, podemos salir a rodar con la bici y de más.

Por cierto. Este fin de semana cambia el tiempo y comenzarán a llegar días de lluvia en los que no vamos a poder salir en bici. Yo, ahí os lo dejo.

domingo, 3 de febrero de 2013

Los verdaderos pasos para crear tu propio blog.

¡Hola a todo el mundo!

A algunas personas ya se lo he contado de viva voz, pero la mayoría de vosotros no sabéis cómo me dio por hacer un blog y contaros mis cosillas.

Todo se fraguó haciendo un estudio acerca de qué temas interesan más a la gente, cual era la mejor plataforma para poder contarlo...JA JA JA... No fue así. Se debió a un puro accidente.

Un día decidí apuntarme a un curso de posicionamiento en buscadores. No por nada, si no por pura curiosidad. "¿De qué tratará todo eso?", pensé. Dado que era gratuito, no perdía nada, así que era un buen plan para un día en el que no tenía otra cosa que rascar.

Una vez allí había gente muy variopinta. Desde locos de Internet, hasta emprendedores con negocios en la red. Yo me encontraba un poco a medio camino de todos, pero tenía mucho interés. Uno de los locos de Internet, tenía un blog. No me preguntéis de qué porque no lo recuerdo, sin embargo era el que hacía preguntas más interesantes. La persona que impartía el curso, lo cierto es que era un gran docente y te lo explicaba todo de una manera muy amena.

El curso me encantó y salí de él con más idea de lo que era el posicionamiento en buscadores, de cómo funcionan éstos, etc, pero sin intención de crear un blog ni mucho menos.

Pasados unos cuantos días de todo esto, no sé ni cómo ni por qué, empecé a mirar blogs de todo tipo. Sólo me interesaba cómo eran, de qué manera escribía la gente y cosas así. Miraba la forma, no el fondo. Si os dais cuenta, en casi todos los blogs hay un botón en el que pone "crea tu blog" o algo así...

La cosa es que yo lo pulsé, pero simplemente para ver qué aparecía. No tenía un plan. Era de blogger y como yo ya tenía cuenta de gmail, pues accedí a la plataforma. Comencé a rellenar algún formulario, pero seguía sin tener un plan.

De repente, me saltó una pantalla en al que salía un desconcertante..."ya tiene creado su blog". "¡Madre! ¡La mangué!", me dije. Estuve a punto de salir de todo y cerrar la pestaña, pero pensé que como hasta ese momento me mantenía con vida, pues no parecía pasar nada.

Ahí ya me empecé a plantear acerca de la temática del blog. "¿Hablar de mi vida a secas? Menuda chapa. ¿Por qué no de cicloturismo?". Ahí ya empecé a tener un plan y comencé a aporrear el teclado dando como resultado la primera entrada de CICLOTURISMO EN LEÓN.

Más de 350 entradas después, muchas historias, pero sobre todo, mucha risa, aquí sigo. Os puedo asegurar que hay veces que mientras redacto las entradas tengo unas sensaciones increíbles. Desde ganas de reírme a carcajada limpia, con alguna historieta de la Grupeta Cicloturista León, hasta verdaderos viajes en el tiempo como con la entrada de ayer.

Hasta el momento está siendo una experiencia fenomenal y lo más grande de todo es cuando alguien me comenta que ha leído alguna de mis entradas y le ha gustado. ¡Me parece lo más!

A todos vosotros GRACIAS. Amenazo con seguir al pie del cañón escribiendo mis cositas. Y eso que el inicio fue un accidente...

sábado, 2 de febrero de 2013

Mi GAC azul que todo lo podía.

¡Hola a todo el mundo!

¡Qué grandes recuerdos tengo de mis veranos de la infancia! Lo que más me gustaba de todo era poder montar en mi pequeña GAC azul con ruedines. Era genial.

No recuerdo muy bien por qué, supongo que por algún cumpleaños o algo así, pero mi padrino Jaime me regaló esta bicicleta a los 5 años como muchísimo. Yo creo que incluso con menos años. Mis padres decidieron que la bicicleta se quedaba en el pueblo y que sólo podría andar con ella durante el bien tiempo, en verano, vacaciones y cosas así.

Con esta bicicleta, a parte de pasarlo extraordinariamente bien, lo que conseguí fue ir superando los primeros retos de mi corta existencia.

El primero de ellos fue desprenderme de los ruedines. Era curioso pero por algún azar de la vida (seguramente haciendo el burro) uno de ellos lo perdí (me lo cargué) Mis abuelos, con los que pasaba toooodos los veranos, pensaron que como tarde o temprano acabaría quitándolos, ¿para qué comprar otro? Así que durante bastante tiempo fui con un solo ruedín. La consecuencia más directa era que, en realidad, nunca apoyaba el que me quedaba, así que estaba rodando con todas las de la ley...a no ser que alguien me lo dijera. Entonces me ponía nervioso y rapaz al suelo.

De hecho, los veranos infantiles para mí son una mezcla de felicidad y rodillas llenas de heridas. Pero algún día tenía que quitar los patines. Así que fuimos al mejor mecánico de bicis de Boñar. Pito. Se llamaba así, qué le vas a hacer. Este gurú de la mecánica, voy la situación y, con una llave, me desprendió del lastre con el que andaba en mi GAC azul. Fuera ruedín. Tengo a fuego grabado el primer trayecto que hice. Taller de Pito, Plaza del Negrillón. Los 75 metros más intensos que recuerdo. Esa fue la primera barrera que conseguí superar.

La segunda también la viví a lomos de mi fiel GAC azul. Mis abuelos no me dejaban andar en bici más allá de lo que ellos consideraban seguro. Así que ir hasta la.....GENERAL....era como galopar a lomos de un corcel llamado muerte por el infierno. Estaba prohibidísimo para mí...pero un día desobedecí.

Fui hasta el puente del reguero. Un pequeño puente que se suponía que era romano, y que era una de las fronteras del territorio permitido. A partir de ahí, dragones. Pues me paré. Miré mil y una veces a ambos lados y me lancé. No podía pasarme nada porque sino se enterarían mis abuelos y me la iba a cargar. Todo tenía que salir a pedir de boca. Para más inri, aproveché las últimas luces de la tarde para que no me viese nadie. Ahora me intento imaginar. Un chavalín, con cara de nervios y sospecha por igual, con más miedo que vergüenza. Pero con un objetivo. Superar un reto. Esa es la más poderosa arma con la que cuenta el ser humano y lo que ha movido el mundo desde siempre. El espíritu de superación.

Mientras pedaleaba como un poseso para que nada ni nadie pudiese verme, llegué hasta "el cruce". Donde el estanco. Esa era otra de las fronteras, pero ese día estaba entrando en mi GAC azul victorioso. Nada había pasado y nunca nadie se enteró. Segunda barrera superada.

Otra de las pruebas a superar por todos los niños de Boñar, era subir la cuesta de "Valles". Era y es una subida de unos 50 metros que realmente está empinada. El reto era subirla sin poner el pie en tierra. A esto había que sumar que también era otra frontera del espacio de confort, con lo que el reto era doble. Recuerdo que un día quedé con un amiguete y dijimos..."¿y si vamos a "Valles"? En el argot de la época eso significaba: "¿y si la liamos parda y, a parte de desobedecer a la autoridad, al bajar la cuesta nos caemos?"

Obviamente, decidimos ir. Nuestra estrategia era coger carrerilla. A balón parado no daríamos ni tres pedales. Para los más jóvenes, les comento que los cambios no se introdujeron hasta los 90'. Todas estas historias son ochenteras, así que si pensáis: "Va hombre! Poner un piñón grande!" Pues el tema es que no había más opción.

Nada nos podría parar. Teníamos una motivación y habíamos practicado. El más difícil todavía era que esta acción se desarrollaría justo delante de mi casa, así que las posibilidades de que mi abuela me pillase y "me corriese con la zapatilla" eran muy altas. Empezamos a acelerar desde "la cabina", justo al lado de "la estatua del tratante". Empezamos a dar pedales como dos pequeños posesos. Nos metimos de lleno en la cuesta y la cadencia de pedaleo se desplomó.

Empezamos a ponernos en bielas y a retorcernos sobre las bicis que, por otro lado, yo creo que pesaban más que nosotros mismos. Los últimos metros fueron dramáticos pero lo conseguimos. Ahora quedaba bajar como dos locos esa cuesta e ir al kiosko a comprar un par de "flashes" de 15 pesetas. Nos los habíamos ganado.

Y otra cosa que descubrí gracias a mi GAC azul fue a valorar las cosas. Un día noté que mi pequeña compañera, más que de juegos, de experiencias, estaba teniendo un extraño comportamiento. La notaba diferente. Se lo comenté a mi abuelo. "¡Abuelo! ¿¿¡¡Qué le pasa a la bici!!??" Mi abuelo, que era pragmático, sereno y muy serio, pero sobre todo rezumaba cariño, entendiendo mi agobio, se puso a analizar la GAC azul. Uno de los tubos se había roto por la zona de una soldadura. El desastre.

Pero al día siguiente mi abuelo la llevó a un taller a que la soldasen. Eran otros tiempos y si un hombre de la talla de mi abuelo, lleva a un taller la bici de su nieto, se la sueldan en ese momento sí o sí.

Pero yo esa mañana no tenía bicicleta. Me notaba perdido. No sabía qué hacer. Toda la mañana sentado en la puerta de casa acompañado por el perro de la señora Emilia. No estaba mal, pero no tenía bici. Yo pensaba que la había perdido para siempre...hasta que apareció mi abuelo con la bici soldada. ¡SÍÍÍÍÍÍ!

Hoy, ya he crecido, la GAC azul no me entra ni en un muslo y a la cuesta de "Valles" voy desde León y la subo sin darme cuenta, pero las experiencias que viví con aquella fiel compañera nunca jamás las volveré a vivir y fueron las más intensas de mi vida.

Algún día de estos iré a Boñar y te restauraré. Te lo prometo amiga.