lunes, 9 de marzo de 2020

BikeFrienly. Cicloturismo 100%.

¡Hola a todo el mundo!

Pues ya se me han terminado las vacaciones invernales. El objetivo siempre es relajar, disfrutar, comer genial y un largo etcétera que seguramente sea el objetivo común de mucha gente. Esta vez María y yo nos llevamos las bicis con la idea de salir los días que se pudieran. Era un pequeño acto de fe porque nos fuimos a Asturias en medio de varios temporales. Tuvimos mucha suerte porque de los cinco días en los que podríamos haber montado en bici, lo hicimos dos, con buena temperatura, algo de viento eso sí, pero no vamos a pedir milagros tampoco.

Además, las rutas discurrieron por el entorno de Oviedo dirección Teverga y a mí, que me gusta investigar carreterillas que si tienen subidas mejor, para desgracia de la pobre María, encontré unas rutas estrechas y verticales que harían las delicias de mucho “cuestacabrista”, pero de lo que me apetece hablaros hoy es del principio de todo. ¿Dónde dejamos las bicis cuando llegamos al hotel?

No era la primera vez que nos alojábamos en el establecimiento en el que lo hicimos, pero sí que era nuestra primera experiencia allí con las bicis a cuestas. Y es que resulta que nuestro alojamiento es un hotel BikeFriendly.


Resumiendo el tema muy mucho, deciros que es una marca a la que se acogen ciertos establecimientos hoteleros, casas rurales, etc, con especiales facilidades de cara al viajero que va a pasar unos días de descanso con la bicicleta.

Ya conocía el tema de BikeFriendly pero no lo había disfrutado. Y digo bien disfrutar porque no puedo más que alabar esta idea de negocio. Os cuento mi experiencia que por cierto, no está patrocinada aunque lo pueda parecer. Sencillamente he quedado absolutamente encantado con la experiencia.

Para empezar, tanto en la web del hotel como una vez que llegas a las instalaciones del mismo, “BikeFriendly” aparece por todos lados. Te lo meten por los ojos hasta que, aficionado o no al ciclismo, te interesas por ello. Carteles, pantallas con reportajes acerca de las bondades de las rutas de la zona, expositores con bidones, maillots o cosas así y más asuntos que si coincide que eres ciclista, llamarán poderosamente tu atención.

Cuando dices en recepción que quieres ir a guardar las bicis, te dan una llave para un candado y te indican dónde está el garaje de las bicicletas. Entonces, con la misma llave de la habitación que te han asignado, accedes a un espacio llamado “zona taller”. ¡Y qué espacio! Consta de unos cuantos colgadores de pared para poner la bici y poder candarla de forma fácil, así como un par de soportes para poder hacer ajustes en la bici, una mesa de taller, herramientas, una bomba de pie, además de disponer para todo esto, espacio más que de sobra para no estar agobiado ni mucho menos. También existe además de todo lo anterior, una zona de lavado para dejar la bici impoluta.

Otras veces he viajado con la bicicleta y las experiencias han sido de todo tipo. La verdad es que yo suelo subir la bici a la habitación y si en algún hotel no me dejan, pues no acostumbro a reservar en establecimientos con este, para mí, inconveniente. Cuando he hecho el acto de fe de guardar la bici en las zonas que ciertos hoteles tienen reservadas para ello, no guardo buen recuerdo, la verdad. En la última ocasión que lo hice dejé la bicicleta a las seis de la tarde y a eso de a las diez de la mañana ya tenía una caja de herramientas apoyada sobre ella. ¿Solución? La bici a la habitación.

Así que encontrar un establecimiento BikeFriendly es un verdadero lujazo como podréis comprender seáis o no aficionados al ciclismo. También tengo que añadir que esta idea turística no sólo se reduce a contar en ciertos hoteles con un formidable espacio para las bicis. Además intentan crear un motor económico a través del cicloTURISMO, con eso de “turismo” en mayúsculas.

No es algo muy habitual, al menos por el momento, que el cicloturismo sea un motor económico de relevancia en España. La experiencia que tengo de alguna vez por Francia me ha hecho pensar que por ese lado de Los Pirineos están más adelantados en este sentido, pero creo que se debe a la relación que se tiene en la vecina Francia con la bicicleta. Una relación mucho más cicloturística, diferente a la idea española predominante de practicar un ciclismo deportivo por encima del turístico. Pero ideas como BikeFriendly pueden suponer un gran empujón a esta faceta turística.

Esta cara más lúdica, viajera y gastronómica del ciclismo no tiene más que ventajas. Limpia, saludable, que se suele desarrollar por eso que ahora se conoce como la España vaciada que tanta necesidad tiene de un cierto impulso, el que sea. Son muchos los aspectos positivos que se consiguen al desarrollar este sector y BikeFriendly parece haberlo visto.

Siempre que me sea posible intentaré en lo sucesivo buscar alojamientos BikeFriendly y os animo a que le echéis un ojo a este tema porque facilita mucho las cosas a la hora de viajar con la bici a cuestas. Un sobresaliente a esta empresa, sí señor.

jueves, 5 de marzo de 2020

Ciclismo y Café. Tanto monta, monta tanto.

¡Hola a todo el mundo!

De todos los que me conocen un poquitín es sabido que el café me gusta entre mucho y muchísimo. Es muy raro el día en el que no me tomo, no sé, diré que unos cuántos cafés porque hay veces que me da hasta vergüenza confesar la cifra. En mi vida varios son los caminos que han hecho que me cruce con este delicioso fruto. De hecho incluso regenté un despacho de café en el que vendía cafés de especialidad.

Pero es que me parece un producto que está muy ligado al mundillo del ciclismo como creo haber comentado en algún renglón de este blog. Personalmente no hay ruta en la que no me pare a tomar un café. Os juro por lo que más queráis que de verdad no hay ruta sin parar a tomar un café aunque sea súper rápido. Es como que sin ello la ruta está incompleta.

Naked Coffee

Antes de salir de casa también suelo prepararme un café para entrar en calor. Ya vestido de ciclista cojo mi vieja cafetera italiana, con mi blend de Brasil y Colombia, esos granos recién tostados por un barista de reconocido prestigio junto a mi casa, molidos gruesos en mi molino, caliento el agua, cierro todo el asunto y por arte de magia bruta ese zumo de los dioses.

Pero es que, más allá de mi pedrada con el café, existen varios ejemplos del binomio ciclismo-café que a nadie medianamente aficionado a esto del ciclismo se le escaparán, como por ejemplo es el caso de “Café de Colombia”. Esta sería una marca absolutamente ligada al mundo del pedal habiendo intervenido de manera crucial en la formación de un equipo mítico de los ochenta, época del boom de este deporte en España o, al menos, la época en la que se popularizó de manera bestial. Nombres como Lucho Herrera, Fabio Parra o José Patrocinio Jiménez nos evocan a míticas jornadas de puertos de montaña en el Tour, La Vuelta, Giro de Italia, la Coors Classic y un largo etcétera. Escarabajos tomando café, ya sabéis.

Fabio Parra. Foto de www.sitiodeciclismo.net

Pero volviendo a lo más terrenal como puede ser una quedada con nuestra grupeta habitual o con el club o lo que sea, me resultaría muy extraño pensar en una ruta sin parar en un bar de algún pueblo a tomar un café o quedar en algún bar para preparar la etapa del día o cosas por el estilo.

A mí no me van mucho las modas. Ya lo decía mi abuela...”quien va a la moda perece en ella” y según van pasando los años más razón le tengo que dar, pero es cierto que dentro del mundillo del ciclismo, el café y todas las cosinas que lleva aparejado entorno a sí, están de moda. Habitual es ver al profesional de turno colgando una foto en Instagram preparando en su casa un café con una cafetera de un grupo mientras hace filigranas con la crema de la leche y cosas así. También es muy típico ver a profesionales tomando un café y una tostada en un bar de un puerto de montaña después de hacer 120 kms más tres puertos y decir que están gozando junto a los colegas, sin decirnos al resto de los mortales que les quedan otros 120 kms, más otros dos o tres puertos. Eso no lo dicen, en efecto, pero el café sí que lo toman. Seguramente la bebida que hoy nos ocupa sea lo que más nos asemeja a los ciclistas profesionales.

Bizipoz Kafe”. Así es como se llama una cafetería de la que es dueño un viejo rockero del pelotón internacional y para mí un ejemplo a seguir en cuanto a la manera de afrontar la vida. Markel Irizar dejó el pelotón internacional para interesarse por el café de manera seria por lo que tengo entendido y por lo que he leído en el último número de Volata. Este sería otro ejemplo de cómo el café y el ciclismo están absolutamente ligados el uno al otro.

¿Y qué sería de subir el Tourmalet sin parar en el bar de arriba y tomarte, por ejemplo, un café? Estoy seguro que cualquiera de vosotros sabéis de decenas de rutas en las que uno de los puntos clave de las mismas están regadas con café. Un ejemplo más de las profundas raíces del café en el ciclismo o, no sé muy bien si del ciclismos en el café.



Lo que tengo muy claro es que el uno sin el otro y el otro sin el uno no prestarían tanto. Que no os quepa duda de que algunos de mis mejores momentos en la vida se han dado sentado, con la bici apoyada junto a mí, tomando una taza de buen café, mirando a lo lejos, mientras el sol calienta toda esta escena. Al menos para mí, esto sería algo muy parecido a ser feliz.

lunes, 2 de marzo de 2020

El "Landismo" y la Fundación Euskadi.


¡Hola a todo el mundo!

A la hora de encarar una hoja en blanco del procesador de texto y empezar a escribir, mejor o peor, eso ya me lo diréis vosotros, suelo hacerlo de dos maneras. O directamente improviso y “lo que surja” o voy haciendo anotaciones en una libreta a lo largo de un periodo de tiempo sobre temas que se me van ocurriendo.

Hoy voy a escribir siguiendo un método híbrido. En base a un par de garabatos que tengo en la libreta, voy a improvisar el resto. Ambas anotaciones me surgieron el mismo día, no recuerdo cuándo exactamente, pero vi un vídeo de un ataque de esos como Dios manda, con las manos en la parte baja del manillar, como se lo decía yo a los chicos de escuelas...”¡agarraos abajo!”, del gran Mikel Landa durante la Vuelta a Andalucía. Inmediatamente anoté “landismo”. Así sin mayores pretensiones. Nunca he escrito nada acerca de ello, si bien sí es cierto que no suelo comentar nada de ciclismo de competición propiamente dicho, pero esto del “landismo” creo que va más allá del ciclismo de competición y del ciclismo en general, cosa que trataré dentro de unos renglones.

La siguiente anotación la hice cuando vi a, precisamente, Mikel Landa en la rueda de prensa después del anuncio de Euskaltel de su vuelta al patrocinio de la Fundación Euskadi. Apunté en mi libreta “euskaltel”. No me rompí la cabeza, la verdad. Hay veces que abro un pequeño guión acerca de este tipo de anotaciones como para establecer unas bases sobre las que hablar en plan, por ejemplo, “resultados”, “Azanza motivación”, “Gotzon futuro corredorazo”. Cosas así podrían haber formado parte de mis anotaciones pero, como digo, en esta ocasión fui simple.

Dos anotaciones, recordad. “Landismo” y “Euskaltel”.

Es ahora cuando voy a remangarme e improvisar. Allá vamos.

Y eso es lo que creo que hace muchas veces Landa cuando ataca sin venir a cuento. Me imagino a Mikel decir en voz alta, “allá vamos”, en medio del grupo de favoritos, agarrarse abajo como le repetiría un entrenador de escuelas muy chapas como podría ser yo (“¡Mikel! Agárrate abajo”) y darlo todo sin saber si es buena idea, si está fastidiando a su supuesto líder de equipo, si es buena idea o lo que sea.

Fotografía de El confidencial

Y es que creo que si el “landismo” conecta tanto con el común de los ciclistillas de medio pelo como yo y tantos otros es porque Mikel hace cosas que no tienen mucho sentido pero que le salen del fondo del alma. ¡Me siento tan identificado con él, maldita sea!

Recuerdo una ruta que hicimos Manuel, David y yo por Picos de Europa. Ya sabéis. Varios de los tigres de C. C. ASFALTO LEÓN. Manuel y yo somos muy del “landismo”. Nuestra manera de andar en bici a lo largo de una ruta larga suele tender a algo descerebrado. David es más cerebral. Recuerdo que aquel día, el primer puerto a subir era San Glorio y Manuel y yo íbamos a tope o algo parecido a ello, pero era porque nos sentíamos súper bien. Un día soleado, una zona guapísima, con colegas...pues nosotros pedaleábamos como si no nos faltasen otros dos puertos por subir. El resumen es que ese día Manu libró, pero yo acabé apajarado y David, que reguló todo el día, pues acabó bien.

El asunto es que cuando te sale algo desde lo más profundo del corazón casi te da lo mismo acabar con una pájara de primera, o que nunca te hayas subido a un podio de una gran vuelta. Eso te da lo mismo pero si Mikel sigue haciéndonos vibrar, el “landismo” se seguirá metiendo en nuestros huesos y jamás rodará solo. A tope con Mikel.

Y es que, claro. Yo entiendo que esa manera que tiene de pedalear y competir se traslade a su forma de vivir. Imagino que en varios aspectos de su vida Landa sea muy parecido a todo eso que nos muestra cada vez que ataca agarrado abajo. Todo pasión. Así que, ni corto ni perezoso, Mikel Landa tomó las riendas de la Fundación Euskadi y apechugó con el asunto en una época en la que tanto la fundación como el ciclismo base no pasaban por buenos momentos. Cómo llegó a la presidencia del asunto lo desconozco. No sé si es que le tocó en suerte como podría haberle tocado a otro u otra, pero el hecho es que ahí está el bueno de Mikel, protagonista de esta nueva manera de hacer y sentir el ciclismo que es el “landismo” a cargo de Fundación Euskadi. ¡Casi nada!

Madariaga cede el testigo a Mikel Landa. Foto de la Fundación Euskadi

Poco a poco se ha ido creando una base, casi podríamos decir que ideológica, con algo tan sencillo como vestir al equipo de naranja. ¡Ay!, el color naranja en un equipo del País Vasco...qué recuerdos nos trae a todos los buenos aficionados. Aún recuerdo a Roberto Laiseka zurrando la badana (expresión muy leonesa) a todo aquel que tratase de rechistarle en ese puerto que yo bien conozco (PAJARÓN QUE APAÑÉ ALLÍ) de nombre mítico como es Luz Ardiden.

Y poco a poco veíamos cómo en carreras de la categoría Élite se asomaban unos cuantos chavales vestidos de naranja y hacían buenos puestos. Y de repente resulta que Orbea se implicó en el proyecto y como que la cosa coge forma y sacan equipo Continental-Profesional.

Euskaltel vuelva a apoyar el proyecto. Foto de Fundación Euskadi

Y un buen día, resulta que la Fundación Euskadi convoca a los medios de comunicación porque tiene que hacer un anuncio importante. Lo cierto es que ese día pensé en que sería gracioso que anunciasen que Euskaltel volvía a patrocinar un proyecto ciclista pero me resultaba algo impensable, no sé. Sin estar en la zona ni respirar el ambiente pues no sabes muy bien lo que pasa por allí. Puede que en las grupetas y corrillos del País Vasco fuese un secreto a voces, no lo sé, pero cuando se confirmó la noticia de que, efectivamente, Euskaltel iba a patrocinar de nuevo a la Fundación Euskadi, un sentimiento de alegría me salió muy de dentro.

Salió del mismo lugar en donde reposa el “landismo” que llevo dentro. Del sitio en donde descansan, crecen y brotan los sentimientos más ilusionantes. Porque toda esta mezcla de “landismo” y la vuelta de la Marea Naranja del Euskaltel-Euskadi es precisamente eso. Una ilusión tremendamente buena y positiva. Ojalá todo salga genial. Ojalá Mikel reviente a todos en una gran vuelta y ojalá Gotzon gane una etapa, de las buenas, mientras Jorge Azanza le da instrucciones desde el coche, naranja por supuesto, y le grita que se agarre abajo.