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miércoles, 22 de abril de 2020

Diario del estado de alarma: todo me lleva a lo mismo.


¡Hola a todo el mundo!

Después de unos días escribiendo acerca de ciclismo-ficción, cosa que me está entreteniendo un montón y que aún no he acabado con ello porque estoy pensando en más posibles alternativas posibles, hoy me apetece escribir acerca de algo de menos pensar y más sentir.

Porque una de las cosas que he sentido hoy cuando paseaba a las perras es que echo en falta algo que a mí, llamadme excéntrico si queréis, siempre me ha gustado porque lo entiendo como un símbolo del trabajo bien hecho. Y lo que extraño un montón es la marca del moreno.

A estas alturas de abril y en condiciones normales, ya debería de estar haciendo rutas diarias de unos 80/100 km y, al menos un día semanal, una tirada más larga de 130 km o algo así y más teniendo en cuenta que este año tocaba hacer la machada del Soplao y la TransBizkaia en el mismo fin de semana. Me tocaría estar haciendo unos buenos entrenamientos y, por tanto, tener ya bien marcada la línea del moreno.

Y a día de hoy, cuando me visto con las peores galas para hacer rodillo, me veo la piel y sigue pareciendo finales de enero. Un atisbo de marca hay porque después de tantos años montando en bici ya no se me quita pero lo que tendría que haber a estas alturas de abril es otra cosa muy distinta.

Además, hoy en Twitter vi una publicación que hizo mella en mi estado de ánimo. Una foto de la subida de Casielles. Y quienes conozcáis esta maravilla entenderéis por qué me hizo daño porque las ganas que me entraron de ir fueron tremendas. Para más inri, yo comenté en esa publicación que debía de ser delito pasar por el Pontón y no desviarse para subir hasta Casielles. Eso hizo que mi mente echase a rodar a través de todas esas carreteras que están en mi memoria. Una lágrima ciclista recorrió mi alma.

Pero la realidad es la que es y ahora que estoy viendo entrar un buen rallo de sol por la ventana de la habitación de las bicis me voy a poner a hacer rodillo, aunque estoy entrando en una etapa del confinamiento en la que todo me recuerda a rutas que quiero hacer, porque acabo de escribir “ventana” y otra lágrima ciclista recorre mi alma, recordando las muchas etapas que he hecho subiendo y bajando ese portarraco Astur-Leonés. ¡Qué ganas!


En fin, familia. Que me piro a hacer rodillo, que hacerlo como Dios manda tampoco es paja...¡Ay! Paja....Pajares. ¡Cómo me gusta subir Pajares! No voy a seguir por ahí que me echo a llorar.

martes, 14 de abril de 2020

Diario del estado de alarma: un mes de rodillo después.


¡Hola a todo el mundo!

Pues seguimos con el confinamiento con gran alegría y alborozo. Se nos ha ido un mes ya y, al menos en mi caso, se me ha pasado bastante rápidamente. Entre la rutina casi diaria de escribir alguna entrada, el rodillo y las etapas del Tour que nos está regalando la tele pública, los días se me hacen cortos.

No sé cuándo abrirán la mano las autoridades con respecto a poder salir a la calle pero creo que mínimo, tres semanas no nos las quita nadie, así que yo me lo estoy tomando con filosofía y pensando en las rutas que haré en cuanto recuperemos la libertad de movimientos, porque volveremos a salir, que no cunda el pánico.

Mi plan inicial es ir por la zona de La Cubilla y por esos pueblos del Concejo de Lena que tan bien conozco, ya sea a subir ese puerto, o Cobertoria, o había pensado en El Cordal o tirar un poco más abajo, al Concejo de Aller, y subir San Isidro con alguna cosilla más en plan Colladona, Coto Bello o algo así, pero tampoco quería que se me fuese mucho de las manos porque, si bien me estoy portando razonablemente bien en cuanto a no comer como un lobo y mantener un buen nivel de actividad física, está claro que en cuanto volvamos a la bici de exteriores y dejemos la de salón, vamos a estar para pocas locuras, sobre todo las primeras semanas.

Confirmado ya, como creo que ya os comenté, que mi reto de hacer dos marchas cicloturistas en el mismo fin de semana se va a tener que posponer para el año 2021, al menos como lo tenía pensado que era hacer 10.000 del Soplao y TransBizkaia seguidas, todo un horizonte de cambios de fechas de marchas se va a abrir ante nuestras narices si es que todo va bien. Teniendo en cuenta que voy a tener vacaciones en agosto, puede que pueda ir a alguna marcha que otra y si, con un poco de suerte, ponen dos seguidas y que no queden muy lejos la una de la otra, la esperanza de hacer una buena burrada este año aún no se ha salido de mi cabeza.

Por tanto, mantengo un ápice de motivación deportiva en mi subconsciente lo cual me ayuda y anima a mantenerme activo durante todos estos días que podrían ser terriblemente monótonos y aburridos y, sin embargo, encuentro en cada uno de ellos algo que me sigue empujando cada día más fuerte.

Lo que quizás peor lleve en mi día a día es cuando salgo con las perras a dar un micro paseo, porque ellas también necesitan moverse y están acostumbradas a estar todo el día en la calle, paseando, haciendo cosas y manteniéndose muy activas y, claro, ahora con todo esto y teniendo en cuenta que en esta casa somos ciudadanos responsables y no las utilizamos para pasear nosotros, echan en falta como cualquiera en un confinamiento, más actividad. Así que concretamente la joven e hiperactiva Wanda está que no se aguanta ni ella. Además, tampoco llevo muy bien el ir al verde al que las llevo para que hagan sus cosas y ver cómo los árboles están brotados, hay florecillas por el césped y todos los extras de la primavera, la cual es ya más que una realidad al otro lado de los cristales de mis ventanas. Sólo he tenido un momento de bajón y fue por esto de la primavera, pero me duró, qué sé yo. Puede que media hora, no más.


Por lo demás, todo en orden. Alguna limpieza general, no he hecho ningún reto de esos que me parecen chorradas, salimos a aplaudir algún que otro día y, a este respecto, confieso que no salimos todos. No es que no apoye a los sanitarios, es más, me parecería bien que nos subieran los impuestos para que repercutiese en unos servicios públicos de calidad, pero como he observado que mucha de esa gente que sale a aplaudir a las ocho de la tarde, luego tienen unas actitudes de, lo voy a decir así para que me entienda todo el mundo, de mierda a lo largo del resto del día comportándose como verdaderos y verdaderas neandertales en el supermercado, sin respeto ni empatía hacia los demás y cosas así, pues no creo mucho en lo del aplauso a media tarde como acto de lavativa de conciencia colectiva.

En resumen, por aquí todo marcha razonablemente bien y seguimos con fuerza para continuar con el confinamiento. Ya he dicho últimamente por aquí que espero que la sociedad obtenga un gran aprendizaje de toda esta situación y que la manera de ver la realidad que nos rodea cambie, concretamente, para bien. Es una esperanza y me da rabia admitir que no creo que pase porque seguramente después de dos meses de recuperar una cierta normalidad se nos olvide todo esto, pero deseo más que nunca confundirme.

lunes, 6 de abril de 2020

Diario del estado de alarma: el parón nos debería de devolver a lo básico.


¡Hola a todo el mundo!

Hace unos meses, allá por noviembre, un coleguilla me comentó a ver si iba a hacer un parón de andar en bici y tal. Como los profesionales. ¡Ole ahí! La verdad es que me llamó la atención la pregunta. Yo respondí que es que yo lo que hago es andar en bici y que nunca paraba. Andar en bici es lo que hago. Andar en bici, ya sea noviembre, enero, junio o lo que sea.

Esta pregunta no era la primera vez que me la hacían. Lo de los parones invernales es un tema recurrente entre algún aficionado como puedo ser yo y es algo que siempre me ha llamado muchísimo la atención porque, la verdad sea dicha, no lo entiendo en gente como yo. ¿Un parón? ¿Para qué? ¿Para estar fresco de cara al Giro o algo así?

A parte de contestar normalmente a este asunto con que yo lo que hago es andar en bici por encima de lo que señale el calendario, suelo acompañar mi respuesta con que si por lo que sea, semanas después del parón pseudoprofesional me veo obligado a quedarme en casa por el mal tiempo, ¿con qué cara me quedo yo después?

Y es evidente que este tema ha venido a mi cabeza por el tema este del confinamiento. Me estoy imaginando ahora a las personas que hicieron ese parón en noviembre, subiéndose por las paredes pensando en que cuando se podía salir a la calle sin restricciones, estaban sanos y hacía buen tiempo ellos y ellas decidieron quedarse en casa. ¡Qué sensación tan mala tendría yo!

Creo que una de las cosas buenas que nos va a traer todo esto del confinamiento es que, al menos un tiempo, no confío en que dure para siempre, valoraremos bastante más lo que tenemos en el aquí y en el ahora. Imagino el típico día en el que hay alguna nube en el cielo y que podamos pensar “igual no salgo que puede que llueva”, en el nuevo mañana que nos espera después de esto, saliendo sin pensarlo ni un sólo instante, incluso disfrutando del agua de lluvia deslizándose sobre nuestra piel.


Espero que salgamos pronto de esta situación, siempre que sea seguro para todos, claro, y cuando cojamos la bici disfrutemos como nunca del ciclismo y nos centremos en todo aquello a lo que muchos nunca dieron importancia, centrándose en poco más que los segmentos del Strava. Hay que volver a lo básico. Sentir el aire, el sol, el rodar de nuestra bicicleta, el esfuerzo, el compadreo del ciclismo en compañía y de esa cultura que se genera en torno a ello, de salir solos y evadirnos de todo. Ya sabéis. Hay que centrarse en lo mejor del ciclismo.

jueves, 2 de abril de 2020

Diario del estado de alarma: cuidadín con el rodillo.


¡Hola a todo el mundo!

Después de desayunar me puse a mirar algo internet, porque ya paso de la televisión que no hacen más que poner programas con el título “Especial Coronavirus”. ¿Acaso no son todos los programas que emiten “Especial Coronavirus”? Además de todo, los mensajes apocalípticos que lanzan me parecen de lo más irresponsable. Informar con la crudeza que sea necesaria, bien, pero ahondar una y otra vez en ello, cada vez más y más amarillismo en todo ello, es que me parece lo peor. Pienso en alguien que esté un poco al límite de su capacidad o tolerancia mental y sólo doy gracias de que estén las ferreterías cerradas porque si no, esas personas irían en masa a comprar dos metros de cuerda para colgarse.

Después de este pequeño párrafo de opinión y desahogo, sigo con lo que os iba a decir en un principio. Que me puse a navegar por la cresta de la ola de internet. Y mientras hacía esto vi cómo la gente, a través de Strava y cosas así, le daba duro al rodillo, metiendo horas y horas y luego más horas. Y decidí que hoy jueves me lo iba a tomar más tranquilo a la hora de afrontar el tema de la bici.

Puede que no sea yo la persona más apropiada para decir cosas en contra de entrenar en el rodillo estos días ya que siempre que puedo, salvo alguna excepción como la de hoy que estoy un poco perezoso, le echo al rodillo una hora diaria más o menos, pero es como si la gente hiciese esto del ciclismo indoor con la intención de ser profesionales o algo así. En realidad, los profesionales hacen dos sesiones y meten algo de ejercicios y de más pero, maldita sea, ellos se dedican a ello profesionalmente.

De hecho yo creo que no hay que subestimar el impacto que nos supone a personas normales como nosotros una sesión de rodillo. Todo el tiempo que estamos sobre el potro de tortura es tiempo de ejercicio activo. Es evidente que si hacemos cuentas, cuando hacemos una hora de bicicleta por la carretera, de esa hora hay momentos en los que no vamos dando pedales, rodamos cuesta abajo recuperando o cosas así.

Además, el sistema termorregulador del cuerpo se basa, así a grandes rasgos, en refrescarnos gracias al aire, evacuando el sudor y todo eso en lo que no me meto más porque no soy “el doctor Daniel” pero ¿os habéis dado cuenta de las sudadas que apañáis al poco de empezar a dar pedales en el rodillo? Salvo excepciones muy puntuales, en una ruta normal en el exterior, no se suda tantísimo. Mi reflexión ante esto es que el cuerpo se ve muy forzado ante esto. Pensad en un coche al que ponéis el motor a 5000 revoluciones, en punto muerto y dentro de la cochera. Se calentará muy rápido. Además de eso, el ventilador se va a poner a trabajar a pleno rendimiento para intentar refrigerar. Todo esto, si está todo a punto, no debería de suponer un grave problema, aunque sí que supondría un desgaste, claro. Como haya algo que no esté afinado, puede que las averías salgan a la luz.

Y para terminar esta moralina que os estoy soltando hoy, habría que pensar en nuestras queridas máquinas que sufren de lo lindo en el rodillo. Que si el sudor que les cae, que si las torsiones y un largo etcétera que se me escaparán seguro.

El resumen es que según mi opinión, hay que tener más respeto a lo que el rodillo supone tanto para nuestro organismo como para nuestras bicis. Pensad que cada día queda menos para salir a rodar por ahí. ¡Ánimo, familia!

lunes, 30 de marzo de 2020

Diario del estado de alarma: nuevos sentimientos.


¡Hola a todo el mundo!

Entramos en la tercera y apasionante semana de confinamiento. ¿Qué voy a decir? ¿Que menuda mierda que seguimos encerrados? Pues en efecto, podría decirlo, pero vamos a afrontar el asunto de una manera positiva, por qué no.

Una de las cosas buenas de esta nueva semana es que yo ya he creado una rutina y los días se me pasan volando. Desayuno, café, sacar a las perras, café, rodillo y ejercicios, cosas de casa, café, hacer la comida, comer, café, escribir, merienda, café, perras, leer, cena, café, perras otra vez, TV... Algo así es lo que viene a ser un día típico de confinamiento para mí con algunas variaciones entre medias como tomar algún café. Si hay algo que se me da bien es adaptarme a la situación que toque y, al menos de momento, lo llevo bien. Mientras siga habiendo café puedo prescindir de papel higiénico.

Otra cosa que esta semana nos va a favorecer es que dan un desplome de las temperaturas de tres pares de narices. Ojalá haga malo. Pero malo, malo, malo, para que, cuando abran las puertas de los toriles y podamos salir de nuevo al exterior, nos metamos de lleno en la primavera y verano que nos merecemos. Cada día falta un poco menos para volver a nuestras rutinas de siempre. ¡Que no cunda el pánico, maldita sea!

Estamos viviendo un montón de situaciones nuevas que nadie podría haber imaginado ni en la mejor película de ciencia ficción. Es importante adaptarnos a todo ello y ser conscientes de que es algo temporal. Tan temporal como muchos sentimientos que siento dentro de mí sobre cosas y situaciones que jamás pensé que tendría.

Por ejemplo y así a bote pronto, jamás había tenido en tan buena estima a mi rodillo. Siempre fue un artilugio, apoyado en una esquina de mi habitación de las bicis, al que miraba con desgana y que sólo usaba en semanas en las que el tiempo no me permitía salir a entrenar. Un par de semanas de lluvia y nieve o cosas así, aunque yo siempre he preferido salir y mojarme que encadenar a “La Americana” al potro de tortura. No obstante, a día de hoy veo el rodillo como un artículo de lujo que me permite mover las patas, poner la patata a mil por hora y quitar el gusanillo de ciclismo que, de no ser por el rodillo, a día de hoy sería una especie de boa constrictor.

Seguimos subiendo puertos en esta vuelta por etapas.
Imagen de archivo de RTVE

Otro sentimiento raro, nuevo y diferente es el que tengo ante el cambio de hora que se ha producido este sábado de madrugada. Para empezar, me tocaba trabajar y este cambio me ha chuleado una hora de sueño. Normalmente no me importaba porque pensaba: “vale la pena por tener más tiempo de luz para, por ejemplo, qué sé yo, salir con la bici”. Pero en esta ocasión, ese será uno de los problemas. Más horas de sol durante el confinamiento y claro, eso traerá otro problema. A la hora de salir a la ventana a aplaudir, ya no valdrá salir con cualquier pijama. A las ocho de la tarde será de día. Ya no voy a poder lucir mis pijamas decadentes. Tendré que tirar de los más guapos. Todo son problemas.

Pero bueno. Aun así, sigo mirando esta situación con optimismo. Lo sigo comparando con una gran vuelta ciclista por etapas. Un ejercicio de resistencia, en este caso, mental. Y os puedo asegurar que todo esto que estamos viviendo conmigo no va a poder. Mientras conservemos la salud todo seguirá yendo bien, que no se os olvido. ¡Ánimo!

viernes, 27 de marzo de 2020

Diario del estado de alarma: entrenamiento mental al fin y al cabo.

¡Hola a todo el mundo!

Hoy viernes termina mi semana de rodillo y, al menos de momento, lo voy llevando bastante bien, la verdad. Salvo los fines de semana que toca currar, todos los días le he dado con ganas a este dichoso aparato. A ver si no pierdo demasiado la forma de cara al cada día más próximo momento en el que salgamos de esta situación inédita para todos.

Ayer os decía que el primer sitio al que probablemente vaya en bici será mi pueblo o alrededores y hoy os cuento que las ganas que tengo de subir un puerto no se pueden ni aguantar. Le pongo a la rueda delantera a veces la caja de herramientas para que todo el conjunto coja algo de inclinación pero es un poco una castaña.

El primer coloso que vaya a subir casi seguro que es La Cubilla. Largo y tendido para no forzar demasiado el cuerpo así de primeras. Además, justo la última semana en la que aún se podía circular con total normalidad por el mundo, iba a ir a subirlo pero daban lluvia y preferí no mojarme. Si hubiera sabido todo lo que acontecería los días siguientes hubiese ido a mojarme en las rampas de La Cubilla como os podréis imaginar pero a toro pasado todos somos Manolete, ya sabéis.

Lo mejor es pensar en lo que nos tocará vivir de ahora en adelante y por lo pronto, yo esto del confinamiento me lo estoy tomando como una gran vuelta por etapas. Hay días mejores y días peores. Alguna mañana, que es cuando yo hago rodillo, me apetece más que otras, pero imagino que a cualquier ciclista que participe en una vuelta de tres semanas, en cuanto abran el ojo en una habitación de hotel cualquiera, a tres horas vista de empezar otra dura etapa, puede que les apetezca nada y menos ponerse sobre la bici, así que esto es un poco lo mismo pero en una habitación de mi casa y sin tener que hacer traslados.

Todo es cuestión de paciencia y afrontar cada día que va pasando con la mejor de las actitudes posibles. Ni que decir tiene que ya queda un día menos y que vamos a salir de esta situación mucho más reforzados que antes. Pensad en todo este asunto como un entrenamiento mental. ¡Mucho ánimo y fuerza, ciclistas!

martes, 24 de marzo de 2020

Diario del estado de alarma: una de reflexiones vuelapluma.


¡Hola a todo el mundo!

¿Cómo lleváis esta segunda semana de confinamiento? Yo la estoy afrontando con optimismo y buena actitud, os lo prometo y os lo juro por lo que más queráis. Lo que sí os voy a confesar es que he notado algo de tristeza en un momento muy concreto de la mañana.

Fue justo después de desayunar y mirar un poco la tele. De repente veo un anuncio de cocinas. Cocinas Bora. Sí, familia. Bora. El equipo de Sagan, Daniel Oss, Rafal Majka y de más. Pues ahí tuve un momento de debilidad, os voy a ser sincero. Eché de menos la Volta a Catalunya, Milán- San Remo, Tirreno-Adriático y todas esas carrerillas que se disputan normalmente por estas fechas. Y qué duda cabe que lo que más echo de menos es salir a rodar con La Americana. Me da pena ponerla en el rodillo, pero es lo que hay.

Foto de La Volta Ciclista a Catalunya

No obstante, una vez que me recompuse, tomé un café y me vestí de ciclista para, precisamente, hacer rodillo. Por supuesto, con los mejores ropajes de hace quince años, que no se os olvide. Además, hoy emiten una etapa mítica de los Tours de Miguel Induráin. La crono de Luxemburgo del '92 en la que destrozó a todos sus rivales y donde personalmente creo que fue donde definitivamente el ídolo navarro obligó a apartarse de la primera fila ciclista a toda una generación de ciclistas como Lemond, Fignon o el mismo Perico Delgado.

Para los que vivimos aquellas épocas de ciclismo y estamos disfrutamos también de la actual, es una pasada ver las diferencias existentes. Por aquel entonces nos parecía todo tan normal, pero verles contrarrelojear en esas bicis que eran o bien prácticamente medievales en cuanto a la posición que les hacían llevar a los ciclistas, o bien bicicletas convencionales pero con manillares imposibles que te dan la risa vistos ahora, claro. Es una pasada la evolución que ha habido.

También es impresionante la diferencia que hay en cuanto a la elaboración de las grandes vueltas y me estoy refiriendo sobre todo a los kilometrajes, con etapas de cinco o seis puertos con 230 km, así sin ponerse “coloraos”, o cronos de 65 km, con un par de narices. Esto da para hacer una entrada monográfica acerca del tema, la verdad, pero no me voy a embarrar en este asunto en esta entrada, que hoy toca hacer una serie de reflexiones vuelapluma.

Otro tema que se me ocurre. ¿Qué hay de esa amiga y, mayormente, enemiga que tenemos en casa? ¿No sabéis a qué me refiero? ¡A la báscula! ¿Os habéis pesado últimamente? Yo lo he hecho estos días y mira que yo me corto de comer y me estoy dando unas buenas chaquetas sobre la bici más los ejercicios posteriores pero, aún así, creo que me voy a resignar y ser consciente de que algún kilillo voy a coger. Cuando volvamos a ser plenamente libres para poder salir a entrenar y de más, hay que dar el callo.

Y a este respecto, como alguna vez he escrito por aquí, mi reto de este año era hacer Los 10.000 del Soplao más la TransBizkaia en el mismo fin de semana y, por desgracia, ya no va a ser posible porque la prueba cántabra se ha cambiado de fecha, pasando al 10 de octubre o algo así y, de momento, la marcha vasca no se ha pronunciado pero en cualquier caso, la heroicidad que tenía en mente habrá que retrasarla al menos un año por lo menos.

Sin embargo, ya tengo en la cabeza algo que contará con kilómetros más que de sobra y metros de desnivel para pasar un gran día sobre la bicicleta, pero eso ya lo contaré en próximas entregas de este diario del estado de alarma.

¡Mucho ánimo, familia! ¡Somos ciclistas y podemos con esto y mucho más!

domingo, 22 de marzo de 2020

Diario del estado de alarma: ídolos pasados para próximos días.


¡Hola a todo el mundo!

Ayer antes de irme a currar, estaban echando por la tele el mundial de contrarreloj del 95 que, por cosas de la edad, yo recuerdo haber visto. Nos hacemos mayores, es cierto, pero qué grandes recuerdos ciclistas nos están programando en la televisión.

Y ahí aparecía Miguelón, Indurain para los profanos. Qué manera de destrozar el reloj cada vez que tocaba luchar contra el crono. La verdad es que, si bien no desarrollaba un ciclismo tan agresivo como mi gran ídolo de aquella época, Marco Pantani, Miguel tenía algo que cautivaba a todo el mundo. Era hipnótico verle pedalear. Era increíble verle subir puertos sentado, agarrado a la cruz del manillar, destrozando a verdaderos especialistas de la montaña.

Yo era más de los típicos escaladores como el ya citado Pantani. Por ejemplo, por aquel entonces me gustaba un montón Perico, que fue el primer ídolo que me llamó la atención y al primero que intenté imitar con mi GAC azul que todo lo podía. A parte de Pantani, otro ciclista que a mí siempre me llamó mucho la atención, ya metido más en los profundos y también convulsos años noventa, fue Laurent Brochard. No sé si se debía a que tenía un pelazo muy de grupos heavys que ya empezaban a gustarme mucho, o a sus presencias en fugas, o al mundial que ganó, pero lo cierto es que me molaba. Yo qué sé. Mi pedrada, ya sabéis.

Foto by Pinterest. Brochard en el 97
Hoy también me tengo que ir a trabajar y no voy a tener mucho tiempo para contaros mis cosillas pero como lo voy a tener más que de sobra durante estos próximos días como bien sabréis todos ya a estas horas (quince días más de confinamiento) algunos capítulos de este diario del estado de alarma versarán sobre algún ídolo personal como, sin duda, fueron los tigres que os citaba antes.

Mucho ánimo, familia, que esto lo pasamos entre todos. ¡Ánimo!

sábado, 21 de marzo de 2020

Diario del estado de alarma: primera parte de la etapa.


¡Hola a todo el mundo!

Hoy, en este particular diario que escribo durante este periodo de confinamiento, no voy a hablaros de nada en concreto. He abierto el PC y me he puesto a teclear a ver qué sale. Ademas, tampoco tengo mucho tiempo porque me toca ir a currar.

Ya ha pasado una semana de todo este asunto y no sabemos muy bien cuánto nos quedará por delante pero, y aun a riesgo de caer en frases hechas, ya hemos terminado la primera parte de esta etapa que nos ha tocado por disputar, así que ánimo que ya hemos organizado el pelotón, cada uno está en su lugar, puede que la fuga esté ya organizada y ahora nos queda juntarnos con los de nuestro equipo, que no haya caídas y afrontar la segunda parte de la etapa, en la que ya habrá seguramente algún puerto.

En pelotón saldremos adelante...PERO CADA UNO EN SU CASA, ¿EH?
Y en esta semana que va a entrar, como digo, seguro que nos topamos con algún puerto, pero ya sabéis cómo va esto, que somos ciclistas, ¡maldita sea! Paciencia y que no se nos vaya muy lejos la fuga, que en esta carrera llegamos todos juntos, ya veréis. Ahora nos toca dar relevos a todos. ¡Que nadie sin ninguna razón buena se achique de dar el callo!

De esta salimos seguro, ¿vale? Que no se os haga muy duro el sábado, compañeras y compañeros. ¡Ánimo!

viernes, 20 de marzo de 2020

Diario del estado de alarma: Bartali siempre presente.


¡Hola a todo el mundo!

Uno de los libros que tenía pendientes y que en estos días de confinamiento tengo tiempo para leérmelo, cosa que por cierto ya he hecho, es una pequeña biografía de mi ciclista clásico favorito. Gino Bartali.

Su tenacidad, sacrificio y época en la que le tocó vivir son parte de las cosas que más me han llamado la atención. Y digo “parte” porque son muchas las facetas que tiene este personaje histórico que desborda al ciclismo y se puede enmarcar en la historia de Italia.

Mientras leía el libro, página a página me iba dando cuenta de que si había alguien que hubiese podido llevar bien este encierro era precisamente mi admirado Bartali al que le tocaron vivir situaciones aún peores que ésta debido a los tiempos que corrían y al país en el que se encontraba. Para aquellos que nunca os hayáis acercado a la figura del campeón italiano, deciros que su carrera se vio partida por la mitad debido a la Segunda Guerra Mundial por lo que vivir en Italia por aquella época y algún tiempo más atrás era algo complicado debido al ascenso del fascismo, con Mussolini como cabeza de lanza y sus alianzas con Hitler. Lo que no os voy a contar es el secreto que guardó hasta el día de su muerte y que se descubrió por casualidad tres años después de su fallecimiento. Mejor lo descubrís por vosotros mismos y os encantará.

El asunto es que en el libro se adjudica a Gino Bartali una frase que, al parecer, él solía decir a uno de sus hijos.

Como un verdadero deportista, después de una caída, hay que levantarse para luchar, si cabe, con más determinación. El triunfo está en ese sufrimiento, en lo que cuesta, a pesar de todo, llegar a la meta.”

No sé si Gino se la decía realmente a su hijo pero después de haber leído bastantes cosas acerca de este gran campeón durante años, me parece muy consecuente con su habitual manera de actuar y de ser, así que la daremos por válida. Pero lo que me ha llevado a exponeros este asunto aquí es que me parece una frase perfectamente aplicable a todo esto del estado de alarma en el que nos encontramos.

Todo este tiempo que nos toque estar así, hay que interpretarlo como algo que necesariamente nos hará más fuertes, no cabe duda de ello. Perderemos condición física, casi seguro que sí, pero eso no puede restar en nada nuestra determinación para lograr nuestros objetivos. Cuando todo esto acabe y volvamos a la normalidad valoraremos muchísimo más todo lo que hasta ahora estábamos dando por normal y absolutamente pétreo e imperturbable.

Las próximas pedaladas fuera del rodillo van a ser un gran logro ya que habremos doblegado al virus entre todos y los próximos objetivos conseguidos van a ser el mayor de los triunfos, ya lo veréis.

Mi brazo derecho. Bartali me gusta y me inspira hasta tal punto.
Mucho ánimo a todas y todos porque entre todo el mundo vamos a conseguir salir de esta. Que no se os olvide que somos ciclistas y tenemos una determinación de acero. En el Olimpo de los ciclistas nos está vigilando Gino Bartali. Él nunca desfallecería ante esto. A él esto le haría más fuerte. Yo siempre seguiré la rueda de Gino. Bartali siempre me ayudará en los peores momentos.

jueves, 19 de marzo de 2020

Diario del estado de alarma: el lado positivo del asunto.


¡Hola a todo el mundo!

Seamos sinceros. En todo esto del estado de alarma y del tener que quedarnos en casa hay muchas cosas positivas. ¿Que no? ¡Que sí, leñe! Se me ocurren varias cosas, de verdad.

Por ejemplo y sin ir más lejos, vuelvo a insistir en que odio fuertemente el rodillo. De verdad que sí. Pero estoy creando una nueva relación con este instrumento sin el cual estos días serían bastante diferentes y bastante peores. Ya no por el ejercicio que puedas hacer con él si no por el hecho de, al menos en mi caso, institucionalizar una hora determinada de ejercicio dentro de un día que podría ser algo mucho más tedioso. Es como que mi cabeza tiene ese momento programado en medio de la jornada y se me pasan los días volando, la verdad.

Otra cosa positiva de todo esto es que estoy recuperando equipaciones que estaban al borde de irse a la basura. Imagino que todos tenemos de esas equipaciones que a lo largo de los años han pasado por diferentes momentos. Primero eran las prendas que más aprecio teníamos. Luego pasaron a un pequeño segundo plano, sin dejar de ser usadas. Hubo un año en el que solamente las usamos algún día porque nos acordamos de refilón de ellas y puede que ese siguiente invierno las utilizábamos para poner debajo de las prendas de invierno. Ya después de eso, se mantuvieron en lo más profundo de un cajón o un armario. Comenzamos a pensar que debíamos de hacer limpieza en ese cajón o armario y puede que alguien os amenazase con tirar ese trapo. “¡¿Cómo que trapo?!”, habréis contestado más de una vez. “Me servirá en algún momento”, he llegado a responder yo. Pues aquí está ese momento. ¡Lo ves, María! Te dije que me haría falta en algún momento el maillot de Etxeondo de hace doce años. ¡JA!

Este podría ser yo haciendo rodillo...
Y al respecto del típico cajón o armario de cosas de bici o, en mi caso, una habitación entera dedicada a mi particular enfermedad ciclista, que a veces se confunde con el síndrome de Diógenes, estos días son perfectos para hacer una buena limpieza. La verdad es que ese espacio que yo tengo reservado para el mundo ciclista, se me está yendo de las manos. Que si una cámara pinchada que “ya repararé uno de estos días”, que si ese perchero en el que está toda la ropa de invierno colgada que “ya ordenaré un día, no te preocupes”, que si esos colgadores de bicis nuevos que “colgaremos esta semana” y así seguimos con la madriguera ciclista como si hubiesen entrado en casa en busca de micrófonos o algo así.

Otra cosa que nos vendrá bien a la mayoría y hablando de preparación física para variar un poco, es que seguramente le prestemos más atención a nuestro tren superior que tanto olvidamos nosotros los ciclistas. Alguna vez sí que nos da por ahí, sí que le prestamos un poco de atención a eso de hacer abdominales, hacer algo de hombro, brazo o cosas así pero se nos pasa rápido ese ímpetu. Muchas veces con tanto entrenar sobre la bici llegamos a casa con cero ganas de nada más y nos vendrán bien los abdominales, tablas de ejercicios y de más mandangas que seguro estamos haciendo estos días.

Seguro que a vosotras y vosotros se os ocurren un montón de cosas positivas que puede dejarnos todo este periodo diferente e inédito que nos esta tocando vivir. Y sólo me he puesto a hablar del mundillo ciclista porque yo, que soy un positivo ideológico, podría enumeraros un montón de cosas. Así, vuelapluma, se me ocurren, por poneros unos ejemplos, mirar más al pequeño comercio en lugar de tanto a los desabastecidos supermercados, valorar más lo que tenemos y podemos perder del día a la noche, escuchar un disco de principio a final y empaparte de la historia que quiere contarte el artista, disfrutar del limpio ambiente que hay en la ciudad sin tantos humos de los coches, disfrutar del trino de los pajarillos que ahora se pueden escuchar mejor, vamos a tener más tiempo para leer ese libro para el que nunca sacamos tiempo. Son unos pocos ejemplos que se me ocurren pero podría seguir.


Y para terminar de manera positiva que es como hay que afrontar este asunto, deciros que como dice mi padre, nunca llovió que no escampó, es decir, que esta situación pasará. Sólo hay que tener un poco de paciencia. Mucha fuerza y mucho ánimo, compañeros y compañeras. Ya queda un día menos.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Diario del estado de alarma: echando humo.


¡Hola a todo el mundo!

En mi intento de mantener un buen ritmo de escritura para que, en la medida de lo posible, tengáis algo que leer aunque sea para ir al WC, hoy quiero contaros que en esta casa hay varias cosas que están echando humo.

Una es el rodillo. Ya no voy a insistir más en ello porque lo odio con toda mi alma aunque se está convirtiendo en una tabla de salvación estos días. Además, todo el universo ciclista está a tope con lo de dar consejos, colgar fotos, intentar motivar y todas esas cosas, ya sabéis. Ya os di mis truquillos para llevarlo mejor y espero que le haya servido a alguien. Hoy ya tuve mi sesión de ciclismo indoor que me ha dejado las patas tocadillas, la verdad. No sé que repercusión en el estado físico tendrán todas estas sesiones de rodillo pero al menos mentalmente me da la tranquilidad de saber que algo estoy haciendo. Por litros de sudor no será.

Pero no sólo mi particular potro de tortura está echando humo. La otra gran heroína de este periodo es la cafetera. Recientemente escribí sobre la relación del mundo del ciclismo con el café y más particularmente, la que tengo yo con este brebaje. No me atrevo a deciros la cantidad de veces que me voy a la cocina a preparar una taza de café. Más que no atreverme, me da hasta vergüenza. El efecto que tiene sobre mi sueño es nulo, os lo aseguro. Sin ir más lejos, mientras escribo esto alguna cabezada estoy dando. Lo que tengo claro es que el kilo de café que conseguí comprar el pasado viernes, no me va a llegar para todo este asunto creo yo. Tendré que conformarme con algún café del súper. Además, también añoro los cafés en el bar de algún pueblo en medio de una ruta. ¡Qué ganas! Pero ya queda un día menos, ¡leñe! ¡Vamos! Hay que motivarse...


También echa humo en este hogar la libreta y el bolígrafo. La razón es que cada poco estamos organizando nuestras salidas al exterior. Somos bastante responsables al respecto y, salvo para pasear a las perras, no salimos demasiado, así que planificamos todos los movimientos. Sólo un día hemos tenido que salir a comprar, que fue hoy, por cierto. Me sentí por un momento como un director deportivo de un equipo World Tour organizando la logística de una París-Roubaix.


Otra cosa que echa humo es mi cabeza, pero no por que me esté agobiando con esto del confinamiento y de más, qué va. María y yo lo estamos llevando “deluxe”. Lo que no hago más que pensar es qué puerto será el primero que vaya a subir según nos den vía libre para poder salir con libertad de casa. La primera semana que se pueda, aunque no tenga fondo ninguno, voy a hacer una escapadita a Asturias y subir algo, pero no sé qué. Tiene muchas papeletas La Cubilla, la verdad, pero no descarto alguna que otra cosilla como San Isidro para enlazarlo con Las Señales o algo así. Ya veremos porque mi futuro más inmediato es una nueva sesión de rodillo mañana por la mañana.

Vamos a ver cuánto tardamos en recuperar la normalidad e intentar que no se nos acabe la paciencia aunque, casi seguro que a nosotros se nos va a terminar el café bueno. Qué desgracia.